La grandeza de México solo podrá lograrse si la sociedad en su conjunto es capaz de construir un objetivo común de largo plazo, sustentado en la honestidad, la unidad y la confianza. Julio A. Millán B.

Las expectativas de crecimiento de México son de 3.4% para el cierre de 2014, pronóstico que fue recientemente ajustado por parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Existe un cúmulo de connotados economistas que apuntan que esa tasa de crecimiento puede llegar a ser menor a los 3 puntos, y otros que asientan que si se llegará obtener, aún sin que se hayan llevado a cabo  las leyes secundarias de la reforma energética y la de comunicaciones.

Yo soy de los que consideran que la tasa de crecimiento al cierre de 2014 se posicionará por encima de 3%, lo expongo con base a qué si este primer trimestre se creció en el orden del 2% (INEGI)  fue por la reducción de presión de demanda de las exportaciones EUA y el efecto negativo del aumento de impuestos por la reforma fiscal que pegó a los consumidores, a las empresas y la inversión deprimiendo el consumo privado (gasto doméstico), nos presentó una inercia de desaceleración que se sostiene hasta el primer semestre de 2014.

Si comparamos al primer trimestre de 2014 y el cuarto del 2013, el crecimiento real de México se encontraría cercano a 0 o ligeramente negativo. Pero en cambio el segundo semestre de 2014 es muy seguro que se crezca por encima del 4 por ciento, porque el segundo semestre del 2013 fue muy bajo lo que presenta poco esfuerzo de alcanzar un número supero a pesar de la contracción de la inversión y el consumo, al ser mera regla para sacar la tasa de crecimiento.

De tal suerte que al sumarle el gasto de gobierno (que debe generar un efecto multiplicador) el cual aumentó en un 17 % con respecto al mismo trimestre del año anterior, se espera que estimule el crecimiento para que mediante el efecto del gasto se quite lo negativo de los impuestos, significando un crecimiento a finales de año de arriba del 3%, ya sea por efecto del gasto de gobierno, por la tendencia cíclica o por el crecimiento de 1 o 2 puntos de la economía estadounidense para que nos resulte el doble a la mexicana.

Si bien, durante todo este año México no se encontrará respuesta en las reformas estructurales, porque por el mismo hecho de ser “estructurales” contienen un proceso gradual de maduración en la cual sus beneficios probablemente se comiencen palpar al final de la administración del Presidente Peña.

Lo que sí se palpará en la presente administración es una llegada de capitales conforme maduren las reformas, porque la Inversión Extranjera Directa (IED) encontrará nuevas áreas de oportunidad, las cuales para que en verdad aterricen beneficios a la sociedad debe fundarse en el hecho de que se cuenten con certeza jurídica o un marco que exponga las reglas del juego claramente, sino esa inversión puede resultar mera extracción del capital.

Lo importante más allá que un número del monto de crecimiento, es la forma, porque como dijo Reyes Heroles la forma es fondo (esa máxima también se aplica en economía) en el sentido de que la productividad independientemente de que sea la forma para intensificar la productividad de esta manera elevar el crecimiento económico, es el medio para generar fuentes de empleo y bienestar social.

La idea de que una economía crezca no se orienta en el hecho numérico, sino el cualitativo, donde la utilidad sea socializada y la sociedad a su vez viva mejor.

Porque si no seguirán apareciendo estudios como el de la consultoría Mckinsey titulado “Una historia de dos Méxicos: prosperidad y crecimiento en una economía de dos velocidades”, en el cual se presenta por un lado que las empresas mexicanas multinacionales cuentan con alta tecnología y han crecido a una tasa de 5.8% durante casi dos décadas, mientras que por el otro lado las PyMEs han decrecido su productividad 6.5% en el mismo periodo.

Sin duda, este reporte de la consultoría es de considerar por la concentración del capital por parte de las multinacionales, las cuales se concentra en un monto de población de 15 familias, mientras que por el otro lado las PyMEs simbolizan poco más del 90% de los puestos de trabajo del país.

Esta diferencia se irá agudizando si no contamos con mayor financiamiento, mayores incentivos regulatorios o instrumentos de políticas públicas contra las debilidades organizacionales, para que tanto las empresas grandes y exitosas sigan creciendo y las pequeñas igualmente lo hagan, y así la productividad del país sea mayor, y ésta a su vez sea el catalizador del único fin que debe tener en mente el gobierno; la mejora social.

Recordando:

  • El gobierno debería de hacer muchas cosas menos, de modo que pudiera concentrarse en las tareas primordiales. Gary Becker. Premio Nobel de Economía.
  • Que no gane el interés político al común.

Twitter: @david_quitano