Elisabeth Kalhammer sirvió en casa de Eva Braun y Adolfo Hitler adonde llegó tras leer un anuncio: “Se busca empleada doméstica. Lugar de trabajo: Berghof en Obersalzberg, en la Baviera Berchtesgaden”. La primera instrucción que recibió fue: “Podía pensar, pero no hablar”. Dice que nunca habló con Hitler pero sabía que “Seguía una estricta dieta para la que tenía a su propia cocinera y sólo bebía agua caliente. Pero bien entrada la noche, Hitler se escabullía a la cocina donde debía haber uno de los conocidos como ‘pasteles del Führer’: un pastel de varias capas de manzana con nueces y pasas”.