Iglesia

Xalapa, Ver. 22 de Jun. (SPI).- La Iglesia Católica hizo un llamado a los veracruzanos a no temer por la oleada de violencia, aparición de fosas clandestinas y a la descomposición social que aqueja al estado.

“El miedo paraliza al creyente y le puede conducir a renegar de Cristo, le puede llevar a avergonzarse de ser creyente o practicante de su fe. El cristiano convencido no le tiene miedo a los hombres del mundo que usan todo tipo de estrategias para impresionar o causar algún tipo de presión”, expresó el Director de la Oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa, José Manuel Suazo Reyes.

En su mensaje semanal, reconoció que no faltan situaciones que pueden infundir temor o terror en la vida de las personas, como asesinatos a plena luz del día, asaltos a mano armada que terminan sembrando el luto en las familias dedicadas al trabajo.

“Hallazgos de fosas clandestinas con restos humanos cuya identidad tal vez nunca conoceremos… la descomposición social sigue cobrando víctimas”, expresó.

Sin embargo, afirmó que la vida cristiana ofrece al hombre de hoy la maravillosa experiencia de vivir el encuentro con Jesús vivo que es fuente de alegría perpetua y da sentido a todo lo que uno hace.

“No obstante, el peligro más frecuente que nos acecha es aquel de querer huir al compromiso de vivir cristianamente y contaminarse con algunas mentalidades contemporáneas. En un comportamiento como este, no se niega a Cristo o a Dios por medio de las palabras sino con los hechos”, recordó.

Lamentó que ante alguna situación de hostilidad se adopta la posición más cómoda o practica, es decir  una especie de pseudo irenismo para adaptarse al pensamiento de los demás con el objeto de complacerlos o para quedar bien y no asumir una posición de riesgo.

“Se dice o hace lo que quieren oír o ver los demás; se adopta en definitiva una posición de conveniencia. La vida divina que se nos ha dado por medio de la gracia y el estilo de vivir cristiano, son dones que hay que custodiar continuamente para no perderlos; son tesoros que hay que defender de cualquier asalto del mal”, pidió.

Otro comportamiento que acecha a los cristianos, dijo, es la tentación de pensar que por el hecho de que son creyentes ha alcanzado una posición privilegiada y de tranquilidad; una especie de vida donde no existen los sufrimientos ni las tribulaciones.

“Hay que reconocer que la fe cristiana no es una especie de  amuleto que nos garantiza inmunidad o comodidad, más bien nos asegura una situación de confrontación con las potencias del mundo y con las fuerzas del mal; con las mentalidades de este mundo muchas veces contrarias a los principios del evangelio. Ser creyente no nos exime de vivir alguna tribulación”.

“¿Por qué no hay que tener miedo ni temor a los poderes de este mundo? “,se preguntó y dijo que “ninguna potencia humana puede opacar el éxito que ha tenido la palabra de Dios. La fuerza divina del evangelio nunca podrá ser sofocada o encadenada. Este es el primer motivo por el que un creyente no debe tener miedo”.

Y el creyente no debe temer las persecuciones ni las amenazas de los hombres de este mundo porque Dios lo sostiene con su bondad.