Por Atticuss Licona

19 de agosto del 2014

Yo vi a muchos niños muy contentos, muy sonrientes, bien peinaditos y con sus mochilas al hombro. También vi que el tráfico no estaba tan de perros (por donde yo anduve) como habían vaticinado. Vi demasiados cuicos haciéndose mensos en funciones de tamarindos bandereando al viento en las calles. Era la fiesta escolar lo que veía, a la cual, no me invitaron. El Paquiao, que pasa sin mayores contratiempos de su etapa matazombies a la etapa Viejo Oeste, al parecer tampoco fue invitado. Los niños que vi la mar de contentos y presumiendo sus huequitos dentales, eran niños de otro hogar, porque este niño heredó la legendaria proclividad a la holganza de los Licona y aparte es muy dado al estatismo.

Sus esforzados padres ya tenían todo preparado para su arribo triunfal al colegio. Desde el domingo por la noche se le dieron los últimos trapazos a su mochila, se planchó con esmero su uniforme y se sacaron de la caja sus zapatitos modelo Apertura 2014. Pero él es como muchos niños, que no aceptan con docilidad azteca el cambio. Cuando hoy por la mañana se le quiso vestir no había razón suficiente para hacerle entender que los zapatos viejos ya estaban pa’l arrastre, que los pantalones viejos estaban demasiado balaceados y que tenía que dejarse poner la plasta de gel que le íbamos a aplicar a mansalva. Es que los niños resienten, diría mi madre metida en su rol psicoanalista. Y yo me pregunto en que vericueto de su vida encontró la paciencia que ahora les prodiga a sus nietos. Ojalá a mí me hubiera tratado así, con ese sentimiento de empatía que ahora desborda. Porque no me podrá negar que las madres de antes eran de otra especie, arreglaban todo con violentas carantoñas que hubieran envidiado Cassius Clay o el Ratón Macías (dependiendo la complexión -la mía, a Dios gracias, me tocó peso pluma). Que no se quería comer el niño el desayuno, ah cómo fregados no se lo va a comer, se lo come porque se lo come, dejara de llamarme Estornina Villafuerte, encuclillaban al niño en cuestión y con un rápido movimiento de cubiertos, tome niño, adentro el desayuno con todo y cucharada de aceite de hígado de tiburón.

Íbamos a la escuela bien peinados con limón para que permaneciera el copete (dice la Gaviota que a Peña Nieto le quedó un rastro cítrico con chorizo toluqueño que uf… la enamoró) y ay de nosotros si regresábamos capeados en lodo, aparte del sambenito correspondiente y tres demoledores pellizcos (hombro, oreja y nalga ¡con la misma mano!) teníamos que aguantar la retahíla de tíromelpiso porque qué acaso no sabíamos la de sacrificios que hacían para mandarnos limpiecitos a la escuela, los remiendos interminables para mantener los calcetines, y una lloradera (tradición en las féminas mexicanas desde la esposa del Pípila que le dijo Ay sí, segurito te fuiste de parranda y por eso traes la ropa agujereada), como si no supiéramos que en las tardes se la pasaban escuchando la radionovelas y moqueando por el galanazo que se dejó taruguear por una lagartona cualquiera.

Eran definitivamente otros tiempos en los que las señoras sufrían por galanes de verdad y no andaban sintiendo empatía por La Gata o lástima por el sequecito Pedro Fernández. Si mi madrecita tuviera los arrestos que tuvo cuando yo era niño sin problemas le hubiera hablado esta mañana para que viniera a poner en cintura a este jíjuela que tuvo la delicadeza de amachinarse en llevarse cuando menos sus antiguos pantalones con parches sobre parches. Qué pena, de verdad, porque al final del curso escolar todos los demás niños estaban medianamente parejos y las señoras hartas de remiendos ya habían dejado a más de uno con ventilación natural y habían sustituido los resortes de los pants por pitas de colgar. Pero hoy el Paquio, de pie junto a la pléyade de infantes con sus uniformes nuevos parecía moquito inventado por Luis Buñuel. Dicen que ya no podemos regañarlos ni gritarles porque les causamos traumas, que la chancla quedó proscrita y aparte ya está fuera de moda, y que dejarlos sin comer es un ultraje. Ay madre mía ¿en qué nos hemos convertido?

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