Por Rubén Ricaño Escobar

4 de agosto de 2014

Gracias a todos los que me escribieron por el artículo pasado y con gusto les paso algunos consejos que deben tomase en consideración antes de hablar en público; recuerdo que el gran Facundo Cabral decía “Nadie es tan viejo como para dar consejos” pero es de gente inteligente preguntar a quienes saben. Por mucho tiempo me negué a hablar de mí para no parecer soberbio pero ahora que estoy en esta edad más allá del bien y del mal, puedo compartir las cosas que sé con toda sinceridad. Sí, tuve el gran honor de ganar en tres ocasiones el concurso nacional de declamación con poemas de Rubén Darío, Pablo Neruda, Salvador Novo, Jaime Sabines, José Goroztiza, Enrique González Martínez y otros grandes poetas, también y con mucho trabajo por cierto gané tres campeonatos nacionales de Oratoria, todo eso gracias a las enseñanzas de mi madre, Doña Malú, Luz María Escobar Acosta esposa de Don Jesús Ricaño quien seguramente me heredó en Don del magisterio ya que su abuelo inició como maestro de escuela en 1866 y se retiró en 1917 ¡51 años en el servicio del magisterio! Cuando ser maestro era eso precisamente un magisterio. Tal vez estos antecedentes me llevaron a dar clases en distintas escuelas desde muy joven y a preparar niños y jóvenes que en conjunto ganaron cerca de una treintena de concursos nacionales e internacionales de Oratoria y Declamación.

Con estos antecedentes les comparto algunos comentarios para hablar bien en público, lo primero independientemente de si se tiene o no una buena voz es leer bien, con fluidez y claridad, cada uno de nosotros debemos adquirir el hábito de leer cuando menos 20 minutos diarios en voz alta, iniciando fuerte, lento y claro, posteriormente iremos desarrollando el ritmo adecuado, pero en un principio tiene que ser así, esta lectura en voz alta es independiente del hecho de leer siempre ¿Qué debemos leer? Es una pregunta frecuente que hacen mis alumnos, la respuesta es lean de todo, lean asiduamente, quien habla en público no solo debe dominar la palabra, debe ser capaz de hablar sobre cualquier tema, debe tener un alto nivel de cultura general, el Orador está obligado a saber de todo, si el fin de la Oratoria es convencer y conmover a un público, es necesario tener conocimiento del tema para poder plantear buenos argumentos de manera coherente y convincente.

Cuando digo Orador, no me refiero solamente a aquél que en un acto oficial, político o social toma el micrófono e imposta la voz para decir un discurso aprendido, leído o improvisado, me refiero a cualquier persona que habla, ya sea en una reunión de trabajo, en una entrevista de radio o televisión, en una mesa a la hora de la cena, ante sus empleados o pronuncia un mensaje a otros ciudadanos, me refiero a la persona que habla para comunicarse, tarde o temprano todos nosotros seremos voluntaria o involuntariamente oradores, tarde o temprano tendremos que hablar para solicitar trabajo, para transmitir una orden, dar a conocer un programa, en una junta escolar, en una junta de vecinos o en nombre de alguien, aunque creamos que nunca se nos va a presentar la ocasión de hablar en público siempre el destino nos alcanzará, nadie está a salvo de hablar en público alguna vez en su vida y debemos estar preparados, porque el éxito social o profesional de una persona depende en gran medida de su capacidad de hablar bien, así es que a cultivarse todos.

Haga ejercicios, para hablar con claridad se debe pronunciar cada letra, cada sílaba, cada palabra y oración con claridad y buena modulación, con dicción, dicción, dicción diría Demóstenes; practique los trabalenguas, son muy útiles para desentumir quijada, labios y lengua, haga gimnasia de lengua, sáquela, métala, arriba, abajo, derecha, izquierda, círculos a la derecha, círculos a la izquierda, le dará risa hacerlo y esa es otra ventaja, se divertirá y rato con usted mismo y será feliz. Juegue a hacer el ruido del motor del carrito. Aprenda a respirar bien, una de las cosas que deberían enseñar en las escuelas es métodos y técnicas de respiración, es tan importante, además la gente que sabe respirar adecuadamente no solo habla mejor, se enferma menos que el resto de las personas, pero esas son cosas que no se aprenden en las escuelas ¡lástima!

Piense en su discurso, defina una idea central sobre el tema, trace los objetivos que quiere lograr al hablar, deles un orden coherente, consulte y documéntese sobre el tema. Inicie su discurso con seguridad y firmeza, no se extienda en las presentaciones y no se la pase saludando a todo el mundo como lo hacen en la actualidad los políticos, suena falso y denota que no tienen tema para hablar, ni nada importante que decir. Hágase siempre estas tres preguntas antes de hablar ¿Dónde voy a hablar? Ubíquese el lugar y el contexto ¿A quién le voy a hablar? Porque no se le puede hablar de la misma forma y con el mismo estilo a un grupo de mujeres, a un grupo de niños, de obreros o académicos y por último ¿Para qué voy a hablar? Esto es lo importante, para que voy a hablar si no tengo un mensaje que dar, si no tengo una razón para hacerlo, si no voy a aportar nada bueno a los demás, porque aunque usted no lo crea, a veces el mejor discurso es aquél que nunca pronunciamos.

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