Por David Quitano

18 de agosto del 2014

Todo Estado es un Estado jurídico

pero no todo Estado jurídico

es un Estado de derecho.

Pedro Salazar, Doctor en Filosofía Política

El sábado pasado tuve el privilegio de que un exprofesor que conocí en un seminario de técnica jurídica me invitará a que interviniera como expositor en temas relacionados con Justicia y Control de Constitucionalidad y algo más sobre inconstitucionalidad.

El grupo era en supremacía personas que cuando menos eran mayores que yo unos 15 años, por lo que les sorprendió que el Doctor me hubiera dado la cortesía de exponer;  sinceramente la sustancia de mi exposición no se ajusta al concepto clásico y dogmático de Justicia y Control de Constitucionalidad.

Mi interés se ubicaba propiamente en que las disposiciones constitucionales deben entenderse, verse y analizarse en un doble sentido: desde el punto de vista de la Constitución formal, a fin de lograr su paulatina adaptación a los cambios de la realidad político-social, y desde la perspectiva de la Constitución real, es decir, su transformación de acuerdo con las normas programáticas de la propia carta fundamental.

Es en ese sentido, es que cuando se quiere ejercer una verdadera defensa constitucional se debe encontrar la aproximación entre los dos sectores, que en ocasiones pueden encontrarse muy distanciados: la Constitución formal y la Constitución real.

Pero bueno, sé que preguntarán qué hace ese planteamiento que más bien parece de filosofía política que de Derecho Procesal Constitucional; realicé ese preámbulo, solo para mostrarles porqué cuando se busca  mediante las dos vías para la solución de conflictos entre órganos del Estado, ya sea por Controversia Constitucional o una acción de inconstitucionalidad  a través del Poder Judicial de la Federación (en virtud de las reformas constitucionales de diciembre de 1994) éstas en muy pocas ocasiones son positivas.

A lo que inmediatamente un alumno perpetuó una risa y comentario sarcástico en el cual manifestaba que era por la corrupción e impunidad, pero sobre todo por el sistema neoliberal.

A lo que le contesté que en muchos aspectos probablemente tenía la razón, pero que el argumento jurídico que yo encontraba se erigía en el hecho de que la Constitución, tanto en su sentido material, como en el sentido formal, es forzosamente dinámica,  y con mayor razón en momentos de coyuntura como los que vivimos.

Agregado a lo anterior también se debía a que no existía jurisprudencia o tesis interpretativas acordes, porque esto tenía que ver con la naturaleza del Derecho, las reformas actuales están planteadas para un tipo de Derecho más anglosajón, el cual es más pragmático que el germánico Romano mismo que es la base del Derecho Mexicano.

Les expuse la necesidad de que leyeran un poco Análisis Económico del Derecho, que ese es el conducto con el cual podrán entender los cambios que se irán suscitando a partir de que el Derecho Garantista (incrustado dogmáticamente en nuestra constitución liberal) no es sostenible, si no va de la mano de aspectos económicos como la productividad y la diversificación tributaria.

Porque de otro modo si seguimos elevando todo a grado constitucional, llegará el momento en que el gobierno tutele el accionar global de la sociedad, conduciéndonos a un punto que toda acción de alguno de los poderes será inconstitucional paradójicamente.

Por tanto, el exceso de regulación genera corrupción, es decir, entre más trabas, menos claro es el panorama para la rendición de cuentas; si bien es cierto que nuestro país goza de una constitución rígida, esto se debe a que era necesaria la inviolabilidad de la norma, en una república que avanzaba posterior a una gresca revolucionaria.

Pero que hoy, o la constitución es flexible, o es completamente rígida; sino no contaremos con una carta de navegación que de plena certeza para la ciudadanía, haciendo que los recursos de la acción de inconstitucionalidad como es el de reclamación o queja, queden ahí como puntos decorativos.

La idea de mi exposición era que los alumnos no observaran su clase solo con una óptica, sino que vieran como la norma en ocasiones daña y es generadora de otros males que laceran al país como la corrupción e impunidad.

Que no por ser ley es funcional, que tampoco todo se resuelve con leyes; pero que sí el cumplimiento de estas, sea de poco o mucho calibre la punibilidad,  debe cumplirse, porque si no se acata lo pequeño, menos se acatará lo grande.

Recordando:

  • Nunca está de más recordar que un Estado fuerte no es necesariamente un Estado autoritario y que sin el primero no es posible edificar un Estado democrático y constitucional. L. Córdova y P. Salazar.