Por Silvia Núñez Hernández

8 de agosto del 2014

Para conocer sobre la crítica situación que aqueja al estado de Veracruz, no se tiene que ser erudito en temas de economía, en seguridad, en infraestructura, etc. Basta con vivir en la entidad veracruzana para saber que la inseguridad se incrementa, que no existe dinero para obras ni mantenimiento mucho menos para infraestructura pública. Día con día a los ciudadanos veracruzanos les cuesta más trabajo llevar sustento a sus familias, en educar a los hijos, en destinar recursos para nuestra salud, en tener esparcimiento.

 

Pero pese a todos esos elementos mencionados, quiere poner en tela de juicio lo dicho con anterioridad sobre la debacle que prevalece en todos los rubros en Veracruz, basta hacer un recorrido en los diferentes medios de comunicación y leer al menos cinco de sus titulares, podrá constatar cual mal estamos.

 

Amable lector, pero si todo eso está fuera de su alcance por estar muy ocupado trabajando jornadas de hasta 18 horas al día para llevar el sustento a sus familias y al llegar a casa no le quedan fuerzas para pensar en otra cosa más que descansar, entonces, sólo basta con ser un tanto observador en su entorno y aceptar las circunstancias en las que se encuentra su cuadra, porque seguramente si ésta refleja decadencia, es un reflejo literal de cómo está todo el estado. Es importante advertir que dicha introspección no aplica a los “pudientes”, pues para ellos el trato es absolutamente diferente al resto de la población.

 

Basura por doquier

 

Por las mañanas salgo de casa y la primera visualización desagradable que tengo en mi contexto es basura desperdigada por doquier, perros hambrientas aprovechando las bolsas abiertas que los pepenadores desde temprano revolotean para buscar “tesoros” perdidos. Pese al esfuerzo de fin de semana por mantener el frente limpio –faena que realizan también gran parte de mis vecinos- al parecer ni al ayuntamiento de Veracruz como a su director de Limpia Pública les interesa controlar.

 

Las autoridades municipales argumentan que el ciudadano debe de contribuir para mantener libre de basura las alcantarillas y así evitar inundaciones. Pero ahora le preguntamos al alcalde de Veracruz, Ramón Poo Gil, si es justo que una persona limpie y limpie el frente de su casa y no exista interés del municipio para controlar a los pepenadores que son quienes originan tan desagradable aspecto y ambiente de inmundicia en fraccionamientos y colonias.

 

¿Por qué el alcalde de Veracruz no obliga al director de Limpia Pública trabaje adecuadamente en pro de los veracruzanos?

 

Por una simple razón amable lector, porque el sujeto no tiene manera de poder hacer su trabajo –en el caso de que si le interese devengar el oneroso salario percibe-. No cuenta con los elementos para realizarlo. No tiene recursos ni infraestructura tanto humano como técnica para cumplir.

 

Otro punto en contra es que el cabildo tampoco coadyuva para implementar un reglamento que impida y multe a los pepenadores para que no realicen su “trabajo” en la vía pública y sean devueltos a los tiraderos.

 

Una cosa trae a otra, porque entonces el presidente municipal, Ramón Poo Gil, justificándose ante la crítica situación en el que mantiene en el territorio de su jurisprudencia, aludirá que no ha recibido el presupuesto de parte del estado para canalizar a ese tipo de acciones primordiales que debe de ofrecer a la ciudadanía.

 

El gobierno de Javier Duarte de Ochoa, se sabe que no le ha dado gana de entregarle los recursos a los municipios, acto que afecta a no tan sólo el director de Limpia Pública, sino a la sociedad misma, que en resumen es quien pague “los platos rotos” sobre las corruptelas de los gobernantes.

 

El asunto no termina ahí gentil lector. La situación crítica no se concentra en la cuadra donde habita; sólo basta hacer un pequeño recorrido a cualquier punto de la conurbación –Veracruz-Boca del Río-Medellín de Bravo- para constatar que la situación no varía mucho de un municipio a otro. Baches y cráteres lucen en un 80 por ciento de las vialidades en toda la conurbación, áreas verdes olvidadas, etc.

 

Derivado de la falta de recursos en los ayuntamientos, estos no han logrado llevar a cabo su Plan de Obras, los cuales estaban supuestamente calendarizados para que en este año, se aplicaran los recursos a diversos sectores.

 

¿Dónde está el dinero de los ayuntamientos? ¿Cuál es la causa por el que gobernador del estado, no se los ha entregado? ¿Jineteo? O de plano, ¿Ya se lo gastó?

 

Vaya usted a saber cuáles son las razones específicas, pero al final, quienes sufren las consecuencias de la corrupción en los tres niveles de gobierno es el ciudadano.

El problema es que no se sabe cuándo se acabarán los malos gobernantes.

 

Desafortunadamente cuando pensamos que se ha visto el peor, el próximo edil o ejecutivo estatal lo desbanca. Ejemplos simples hay muchos, sólo basta recordar el mal gobierno de Jon Rementería Sempé al cual se caracterizó por aprovecharse del poder y no hacer absolutamente nada; pero Carolina Gudiño Corro, en los tres desastrosos años de mandato, se esforzó muchísimo en ser hasta el día de hoy, la peor alcaldesa del municipio de Veracruz.

 

¿Será que Ramón Poo Gil la quiera desbancar? Le daremos el beneficio de la duda.

Y que lo “cachan”

 

Al parecer al gobernador del estado, Javier Duarte de Ochoa no le preocupa hundir de la manera que lo está haciendo al estado de Veracruz. Pretender pasar de humo una iniciativa en el Congreso del estado –apoyado por los legisladores priístas- la cual le permitiría un financiamiento de cuatro mil millones de pesos, es verdad un acto de literal insensatez.

La hazaña fue “balconeada” al ser infiltrado en un rotativo local, y más tarde, la presidenta de la Mesa Directiva del Congreso local, María Guadalupe Ingram Vallines tuvo que anunciar que dicha iniciativa sería anulada por votación.

 

Mientras tanto, diputados priístas horas antes negaban que dicha iniciativa existiera y se atrevieron a demeritar al periódico que dio la primicia; su “defensa” se vino abajo luego de que ellos mismos al votar en contra de esta, aceptaban su existencia.

 

No es culpa de los ciudadanos que todas las declaraciones proveniente de parte del gobierno duartista, sean consideradas falacias. Mienten por el placer de mentir, aunque no haya necesidad de hacerlo. Este es el tipo de política que actualmente existe en el estado, por lo tanto, no es culpa de los veracruzanos sentir la animadversión que estos le producen. 

 

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