Todos, desde el Congreso de la Unión junto a los 31 congresos locales de las entidades federativas y la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, configuran un universo en el que lo menos que hay es austeridad y transparencia, toda allí es abundancia de dinero, un auténtico paraíso de opulencia y opacidad que nada tiene que ver con la pobreza de la sociedad a la que presumen representar. Así se puede advertir en un estudio publicado en sinembargo.com que sin duda refleja una fotografía del México en el que la clase política se ha adueñado del destino del país mediatizando la voluntad ciudadana con subterfugios de “reformas”, como la de crear candidaturas “ciudadanas” imponiendo requisitos inalcanzables para el ciudadano común, o autorizando la creación de partidos políticos cuya única función es la de servir de paleros a los gobiernos o a los partidos llamados “grandes”.