Por Aurelio Contreras Moreno

14 de agosto del 2014

 

 

El escándalo mediático desatado con la difusión de los videos en los que diputados federales del PAN se “relajan” con prostitutas en Puerto Vallarta desnudó no sólo las aficiones de los legisladores, sino la doble moral de un partido que se dice adalid de los valores, las buenas costumbres y el humanismo.

No hace mucho en el Senado de la República, un legislador panista, José María Martínez Martínez, instaló la Comisión de la Familia y el Desarrollo Humano con el propósito de frenar en la Cámara Alta cualquier intento por legislar en favor de los derechos de los homosexuales, el aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo y demás temas que a los conservadores militantes de Acción Nacional provocan “asquito”.

Bajo esa misma retórica moralista y “mocha”, el presidente nacional del PAN, Gustavo Madero, destituyó a Luis Alberto Villarreal como coordinador de la bancada blanquiazul en San Lázaro, ya que es uno de los principales protagonistas del video de los “dipu-tables” que departen con sexoservidoras. Eso sí, fuera del horario de trabajo.

Sin embargo, ni un dedo movió Madero contra Villarreal cuando se le involucró en las denuncias por los “moches” o sobornos que presuntamente pedía, junto con otros legisladores, por impulsar leyes o realizar gestiones en la Cámara de Diputados.

Bajo esa óptica, para el PAN la corrupción de Villarreal no merecía ninguna sanción, al fin y al cabo así es el negocio de la política. ¡Pero salir bailando con prostitutas! ¡Horror al crimen! ¡Qué van a decir las buenas conciencias panistas! ¡Seguro ya está llorando el santo niño de Atocha!

¿Con qué cara se presentará ahora Acción Nacional para legislar sobre la trata de personas en México? ¿Qué argumentos puede dar para oponerse a legalizar la prostitución? El mito de su supuesta defensa de los valores y la familia y de su superioridad moral quedó hecho trizas en tan sólo dos días.

En Veracruz no se quedan atrás. Son conocidas las francachelas que suelen ponerse muchos “distinguidos” militantes panistas, que han sido vistos salir “de aguilita” de bares y restaurantes, también acompañados de “señoritas” que –quienes los conocen lo saben– no son sus esposas.

O qué decir de aquellos que han sucumbido a la tentación de los “cochupos” y se han “alquilado” a los gobiernos priistas a cambio de prebendas, como notarías y obra pública. Los hay que de plano hasta de partido se cambiaron, a pesar de tener apellidos de “abolengo” azul (¿le suena un Gutiérrez de Velasco, por ejemplo?), porque no les cumplieron un capricho o nos les soltaron una candidatura, y en el PRI hasta les regalan diputaciones o alcaldías.

Lo hemos escrito antes en este mismo espacio. El PAN hace mucho que perdió la mística bajo la cual fue creado. Sus postulados sobre el bien común y el humanismo son mera retórica, al mismo nivel que la justicia social lo es en el PRI o la democracia en el PRD.

Palabras vacías que ya nadie les cree.

 

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