Por Aurelio Contreras Moreno

13 de agosto del 2014

Para la clase política veracruzana no pasó desapercibida la “presentación en sociedad” de Javier Herrera Borunda, hijo del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, el pasado fin de semana.

Enfundado en una vistosa camisa roja, como las que eran de uso obligatorio para los empleados de gobierno y los militantes del PRI durante el sexenio de su padre, Javier Herrera Borunda inauguró en Cosamaloapan, en el corazón de su origen familiar, la casa de gestión de su también recién creada fundación “Papel Social”, que como todos los organismos de este tipo creados a la vera de un político, es un simple parapeto para promover aspiraciones electorales.

Y por ahí está el fondo de este asunto. Javier Herrera Borunda quiere ser diputado federal el año entrante y con esto dio el primer paso en pos de ese deseo, en el que es apoyado y “coucheado” por su padre.

Sólo que hay un pequeño detalle. La candidatura del PRI a la diputación federal por Cosamaloapan se supone que ya está decidida en favor del tesorero estatal, Tarek Abdalá Saad, quien para ello cuenta –o contaba– con la bendición del gobernador Javier Duarte de Ochoa y de su esposa Karime Macías Tubilla, con quienes mantiene una cercana relación personal, tanto así que incluso ambos han acudido en persona en ese municipio de la cuenca del Papaloapan para apuntalar a quien hasta hace poco era su elegido para esa demarcación.

Y la versión de que Javier Herrera sería postulado como candidato a diputado plurinominal suena más bien a fantasía. Al menos no será por el PRI, donde las listas de representación proporcional serán elaboradas en el Comité Ejecutivo Nacional tricolor y “palomeadas” en Los Pinos. En ambos sitios, Fidel Herrera y los suyos no son bien vistos, así que la posibilidad de que le regalen una diputación a su hijo se antoja completamente improbable.

¿A qué juegan los Herrera entonces? Sin lugar a dudas a su juego favorito: la “tenebra”.

El primer mensaje que se desprende del arranque público de Javier Herrera Borunda en las lides políticas es que están decididos a ir en pos de la diputación, con o sin el agrado del actual Gobernador, quien en repetidas ocasiones ha hecho patente su deseo de deslindarse políticamente de su antecesor. Ésta parece ser una ocasión propicia.

Y en ese orden de ideas, el segundo mensaje es que Herrera Borunda buscará su curul en San Lázaro incluso postulado por un partido diferente al PRI, si éste se niega a lanzarlo como candidato de mayoría. Por eso la necesidad de hacer un acto público en el que el “cachorro” de Fidel se mostrara rodeado de gente, vestido de rojo y hablando de “realizar gestiones para promover el desarrollo del campo, la preservación de la salud, así como el impulso al deporte, la educación y fomentar la cultura”. Haciendo proselitismo pues, que para eso se pintan solos.

No hay que perder de vista que los Herrera Borunda son en sí mismos un proyecto político que busca estar y aprovechar el poder. Javier Herrera representa la continuidad de ese proyecto iniciado por su padre, quien quiere entregar a su vástago esa estafeta. 

Fidel Herrera es un político frío, calculador, que sabe cuándo asomar la cabeza y cuándo esconderla. La decisión de lanzar al ruedo a su hijo no es fortuita ni improvisada. Tiene considerados los escenarios de respuesta e incluso los ataques que desde el propio gobierno estatal le han comenzado a hacer por ir contracorriente de los deseos del actual grupo gobernante.

Pero a fin de cuentas, él los creó a todos ellos. Seguro sabe también cómo someterlos.

 

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