Ante el retraso en la construcción de las Villas deportivas, la adquisición del equipo necesario para acondicionarlas y hacerlas habitables, frente al escaso flujo financiero que aqueja a las finanzas públicas estatales, se recurrió al Plan B en el ramo del hospedaje recurriendo a la instalación hotelera de las ciudades sedes. Supuestamente se resolvió el problema, pero es obvio que sólo se trasladó a otro ámbito porque el movimiento implica complicaciones, por ejemplo: ¿Qué criterios se adoptarán para ubicar en los hoteles a las Delegaciones deportivas, a cuáles en cinco, cuatro, tres estrellas sin que haya resentimientos? ¿Los hoteleros están dispuestos a financiar durante quince días la súbita arribazón de cientos de visitantes? Sin duda todo se complica, pero Veracruz no debe quedar mal en este compromiso contraído con años de anticipación.