Por Rubén Ricaño Escobar

11 de agosto del 2014

Los seres humanos hemos sido dotados de una poderosa herramienta para la vida, la Palabra; en mis cursos para jóvenes y niños siempre dedico un capítulo completo a este tema y es que la palabra tiene la fuerza de una bala, de un misil, de una potente bomba según queramos nosotros; la palabra puede evitar una guerra o desatarla, derriba muros literalmente y también muros mentales y culturales. Por ello quien usa la palabra con conocimiento y responsabilidad se convierte en factor de cambio, los maestros de escuela lo saben muy bien, saben que sus palabras pueden tocar la vida de las personas, los maestros tarde o temprano encontramos alumnos que nos dicen que eligieron una carrera determinada por lo que les dijimos alguna vez, incluso que su éxito profesional lo deben en gran medida a un maestro que les tocó la vida para siempre. Ciertamente la palabra puede tocar la vida de una persona y esto puede ser para bien o para mal, de ahí la responsabilidad de quien habla, porque si bien fueron oradores los que hicieron grandes cambios en la historia para darle libertad a los pueblos, también fueron oradores los que han lanzado a las naciones a su autodestrucción o al abismo ¿Ejemplos? He aquí dos: Gandhi en la India y Hitler en Alemania.

La palabra es muy poderosa, puede salvar vidas, construir libertades y levantar pueblos enteros; Guillermo Prieto salva la vida de Juárez en Guadalajara cuando el entonces Teniente conservador Filomeno Bravo había dado la orden de fusilar al Presidente en 1858, Prieto se adelanta y pronuncia todo un discurso persuasivo que se significa con la frase “¡Alto! Los valientes no asesinan”. La palabra ha llevado a etnias completas a lograr sus sueños de gozar de los derechos civiles, ahí está el discurso de Martin Luther King Jr. Aquél 28 de agosto de 1963 en el monumento a Abraham Lincoln en Washintong, D. C. ante más de 200,000 personas que se manifestaban en pro de los derechos civiles en los Estados Unidos, el país más racista de que se tenga memoria: “Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: -Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales-.”

Ahí está el discurso que  Winston Churchil dirige a su pueblo cuando parecía que la invación Nazi era inminente e Inglaterra sucumbiría: “Defenderemos nuestra isla cueste lo que cueste… lucharemos en las playas… lucharemos en las pistas de aterrizaje… lucharemos en los campos y en las calles… lucharemos en las colinas… nunca nos rendiremos…”. Por otro lado, Jhon F. Kennedy pronunció en 1961, uno de los grandes discursos de la historia: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”. “Mr. Gorbachov, derribe ese muro”, dijo Ronald Reagan ese 12 de junio de 1987, seguirá siendo recordado como un discurso de cambio, con ideas precisas y simples, que se convirtieron en realidad, el Muro de Berlín ya no existe.

Enuncio estos ejemplos en la historia reciente de la humanidad pues denotan que si la palabra de un solo hombre ha logrado hacer cambios trascendentales, nos pudiéramos preguntar ¿Qué grandes cambios en nuestra comunidad, en nuestro trabajo, en nuestro hogar podríamos hacer a través de la palabra? Veracruz, como el resto de México está urgido de mujeres y hombres que provoquen un cambio, Veracruz necesita de hombres y mujeres que lo amen, que estén dispuestos a servirlo y no servirse de él, estamos urgidos de personas preparadas que tengan el don de la palabra, pero que su palabra vaya seguida con el ejemplo de sus actos, estamos urgidos de mujeres y hombres responsables que sacudan las conciencias y muevan a la gente a la acción, que se pongan al frente de aquellos que estén dispuestos a cambiar las terribles realidades sociales que vivimos.

Necesitamos de hombres y mujeres que consientes de las profunda desigualdad en que estamos inmersos, trabajen todos los días desde los gobiernos, desde las cámaras, colegios, medios de comunicación, desde las calles, desde el espacio público, para acabar de una buena vez con esta pobreza extrema que padecen cientos de miles de personas en nuestro estado, que trabajen para sacar de la ignorancia a miles de personas que tienen que vender su conciencia por un mendrugo de pan, es gente que no tiene esperanza ni posibilidad de levantarse ni ellos ni sus hijos, cuando es un derecho fundamental de toda persona tener oportunidades para el futuro, necesitamos de gente que sepa hablar y conducir a este lastimado pueblo por otros caminos que hemos anhelado.

Veracruz necesita con urgencia de mujeres y hombres que alcen las banderas de la igualdad social por todo lo alto y puedan dar un ¡Ya basta! A la pobreza, a la injusticia, a la inseguridad y al mal trato, un ¡Ya basta! a la corrupción de aquellos que abusan del poder y se olvidan del pueblo que vive en condiciones que nos duelen y ofenden. Veracruz necesita hoy a mujeres y hombres con suficiente valor para usar la fuerza de la palabra y romper de una buena vez todo aquello que nos impide crecer, que nos impide prosperar, que nos impide desarrollarnos en pleno goce de nuestras libertades y posibilidades verdaderas. Un pueblo se salva y tiene esperanza cuando sus habitantes gozan de pleno acceso al trabajo, a la educación, a la justicia y a la salud, cuando cualquier ciudadano puede hacer uso del poder de la palabra.

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