Por Aurelio Contreras Moreno

21 de agosto del 2014

No es que nos sorprenda que el presidente Enrique Peña Nieto, como hace la mayoría de los políticos en la actualidad, acuda a los medios de comunicación para intentar mejorar su imagen ante las audiencias de los mismos, particularmente los de la televisión abierta.

Lo que es verdaderamente penoso es que periodistas que cuentan con trayectorias relevantes en los medios se presten al juego del “chocholeo” al Presidente a través de montajes totalmente teatralizados, disfrazados de entrevista, en los que la voz cantante la lleva el mandatario para difundir el mensaje que le interesa, haciéndolo pasar por una pieza informativa legítima.

Eso fue lo que ocurrió esta semana con las dos apariciones televisivas de Enrique Peña Nieto, primero en el programa de revista matutina “Hoy” de Televisa, emisión de mero entretenimiento que tiene uno de los ratings más elevados del país, si no es que el mayor. Y luego la noche del miércoles en una transmisión especial de lo que se llamó “Conversaciones a fondo”, en la que varios periodistas “entrevistaron” a Peña Nieto, moderados por José Carreño Carlón, ex jefe de Comunicación Social del gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Para que no quepan dudas sobre cuál es el verdadero sello de la casa.

La intención de Peña Nieto de aparecer en ambas emisiones, una dirigida a un público de nivel medio a bajo, y la otra para el sector supuestamente más educado e informado de la población, fue una sola: defender sus reformas estructurales, en especial la energética, ante el desplome de su popularidad entre los mexicanos.

En el primer caso, el Presidente de México fue “entrevistado” por los conductores televisivos Andrea Legarreta y Raúl Araiza –quienes ya antes rentaron su imagen para las campañas electorales del Partido Verde–, que simplemente se limitaron a asentir y alabar lo que decía Peña sobre las supuestas bondades de la reforma energética. A fin de cuentas, tampoco podía pedírseles demasiado.

En las “Conversaciones a fondo” (que terminaron siendo una conversación a modo), se usó como escenario –en el sentido más literal de la palabra– ni más ni menos que uno de los salones del Palacio Nacional, como para darle mayor sentido de seriedad y gravedad a lo que sería, a fin de cuentas, un “infomercial”, propaganda disfrazada de información.

Ciro Gómez Leyva, Denisse Maerker, Pascal Beltrán del Río, Pablo Hiriart, León Krauze y Lily Téllez fueron los periodistas de variopinto talante que acudieron al encuentro con Peña Nieto. A pesar de la experiencia y tablas de varios de ellos, y con la condescendencia y la genuflexión de otros, el mandatario dijo lo que quería decir, sin decir nada relevante.

La frase “muchas gracias por invitarnos, señor Presidente”, expelida por Lily Téllez, conductora de noticias de la empresa propiedad de Ricardo Salinas Pliego, marcó la pauta de lo que sería el programa, un largo rosario de preguntas cómodas, diseñadas para que Enrique Peña luciera como un “estadista” e insertara el mensaje que sólo a él le interesaba difundir.

Apenas dos preguntas más o menos interesantes realizaron Denisse Maerker y León Krauze, que de inmediato fueron rechazadas con un dejo de molestia por Peña Nieto, pues no estaba dispuesto a salirse del guión que se notó había estudiado bastante. Los periodistas, valga decirlo, no le insistieron.

Ninguna novedad noticiosa emergió de esta emisión televisiva. “El Pacto por México ya dio de sí”; “la reforma energética cuenta con apoyo mayoritario de la población” (no dijo de qué planeta); “a mí lo que me importa es aplicar las reformas”, fueron algunas de las frases de Peña Nieto, que lo pintaron como es: vacío de ideas y ansioso por revirar la mala opinión que hay sobre su administración.

Porque se podrá mandar a hacer las entrevistas y programas de televisión que desee. Eso no va a cambiar la realidad de un país cuya economía sigue estancada, donde la violencia no para, donde la educación sigue siendo de bajísimo nivel, donde la delincuencia es dueña de territorios enteros, donde hay pobreza extrema que se “ataca” con programas asistencialistas y electoreros.

El mensaje implícito es que ante la ausencia de capacidad, talento e imaginación, Enrique Peña Nieto pretende gobernar a México a través de infomerciales, bajo la batuta de los consorcios de la comunicación masiva.

Por cuanto hace a los demás actores de esta comedia, los de

“Hoy” hicieron lo que siempre hacen: un programa comercial light, insulso y populachero. En cambio, los periodistas que se prestaron a participar en la gacetilla parapetada en una entrevista, tiraron por el excusado lo que a algunos les quedaba de prestigio.

Mientras tanto, los mexicanos seguimos, simplemente, pasivamente, mirando la tele.

 

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