Por Joel Hurtado Ramón

7 de agosto de 2014

 Los seres humanos somos parte de un cosmos u orden universal del cual estamos aparentemente divorciados debido a que le damos mayor importancia a nuestra inconciencia individual que a la conciencia colectiva.

Ignoramos que como parte de ese cosmos somos al mismo tiempo esencia y presencia, absoluto manifestado y absoluto no manifestado de ahí que, más allá de cualquier interpretación religiosa, estemos hechos a imagen y semejanza de Él.

Frente al idealismo de su maestro platón, Aristóteles es rea­lista: no existen dos mundos separados, uno sensible y otro inteligible, sino un único mundo, formado por objetos individuales: las sustancias. Cualquier sustancia es un compuesto hilemórfico; es decir, un combinado de materia y forma. La forma es la idea platónica unida indivisiblemente a la materia a la que configura. Las formas son universales, y la lógica se encarga de estudiar sus relaciones.

La iniciación no es el estudio de algunos asuntos llamados secretos; constituye el conjunto del saber y aunque el iniciado no sea un ser al cual se puedan preguntar los detalles de cualquier parte del conocimiento, debe analizar los diferentes planos del pensamiento humano considerando los dominios diversos como base de aplicación posible hacia la realización total.

 El cosmos, de acuerdo a una de sus muchas interpretaciones   en su sentido más genérico, supone un sistema ordenado o armonioso, porque justamente en el idioma griego su palabra antecedente significa orden u ornamento, además, resulta ser una referencia contraria al caos.

 Actualmente, a la palabra cosmos se la suele emplear como sinónimo de universo, en consecuencia con el orden que se considera que este posee.

  Finalmente cuando a la palabra se la emplea con un sentido absoluto, refiere a todo aquello que existe, incluyendo en ello a lo que se ha descubierto y a lo que no.

  La cosmología es la disciplina que se ocupa del estudio del cosmos; el mencionado estudio se realiza desde diferentes puntos de vista, dependiendo del contexto en cuestión. Cualquiera sea la cosmología que se emplee, la misma coincidirá con el resto en el intento de entender el orden que está implícito en el conjunto que representa el ser.

Por ejemplo, en el caso de la cosmología física, el concepto de cosmos está vinculado a una forma técnica y se trata de un continuo espacio-tiempo dentro de un multiverso (los múltiples universos posibles, incluyendo el propio), y por el lado de la filosofía, el concepto de cosmos, junto con los de absoluto y universo, se emplea a la hora de querer designar todo aquello que existe, es decir, son  sinónimos entre sí y   la expresión de lo que existe.

En metafísica el hombre se ubica como un microcosmos invidual ya que “como es arriba es abajo”

Existen quienes piensan que la  inexistencia de una visión que genere una conceptualización integrada del mundo imposibilita, al mismo tiempo, tener una visión integrada del ser humano. Buscar el desarrollo integral remite a la problemática: hacia dónde se perfilará al ser humano. Desde esta perspectiva, la existencia de múltiples significaciones sobre el concepto de desarrollo integral complicaría las opciones de respuesta y por supuesto las tendencias para realizar el proceso con miras a lograrlo. El desarrollo integral será conceptuado desde quién y desde qué intencionalidad. ¿El desarrollo integral se puede expresar sin los condicionamientos histórico-culturales? por otro lado, no se puede buscar el desarrollo integral exclusivamente desde la escuela, se requieren acciones que consideren el análisis e incidencia en las causas reales que configuran las formas del ser.

José Vazconcelos, el prestigiado  filosofo oaxaqueño, afirma en “La Raza Cósmica”  que sólo un salto del espíritu, nutrido de datos, podrá darnos una visión que nos levante por encima de la microideología del especialista. Sondeamos entonces en el conjunto de los sucesos para descubrir en ellos una dirección, un ritmo y un propósito. y justamente allí donde nada descubre el analista, el sintetizador y el creador se iluminan.

Por otra parte se afirma que consciencia significa literalmente con conocimiento (cum scientia). Desde todos los tiempos, culturas, filosofías y religiones, hablan del despertar de la consciencia. Evidentemente a pesar de que todos la tenemos, permanece dormida o en estado latente, esperando por nosotros. En algunos casos asoma casi sin querer, en otros es buscada a través de caminos enigmáticos y alucinantes.

Para unos más presente que para otros, lo cierto es que más allá de nuestra propia voluntad nos conecta con todas las cosas animadas. Tomando en cuenta que no hay cosa que no sea animada en el mundo físico, desde nuestros cuerpos hasta los electrones de una piedra, podríamos decir que estamos conectados por esta energía universal e infinita de consciencia vital.

Quizás primero tendremos que descubrir nuestra propia consciencia y así estaremos aptos para ver más allá y descubrir la consciencia de los otros y la del mundo que nos rodea. En ese momento nos demos cuenta que todos somos más parecidos de lo que creemos. Incluso que en el fondo somos iguales o mejor dicho los mismos.