Por Atticuss Licona

28 de agosto del 2014

Por si mis días no fueran lo suficientemente fragorosos súmele usted este periodo de reincorporación escolar. El Paquillo va a escuela pública porque hubo la fortuna de inscribirlo en una escuela con horario mixto y porque aún tengo fe en las instituciones. Pero esta semana y la pasada han sido caóticas ya que el servicio mixto se activa hasta septiembre. Eso ha trastocado mis actividades, pues ni bien se quedan los infantes en sus respectivos salones de colores cuando ya tenemos que volver por ellos, y encima todos energetizados y en forma para remolonear por toda la oficina.

Ni modo de dejárselo al cuidado de la Lilly, perrita por demás esforzada que en las noches le ladra a cuanto gato pasa por el tejado. Me lo tengo que traer, ya qué (¡ah! Pero querías niño, ¿verdad?), pero a su edad es igual que la Tucita con estamina. Me ha roto dos retratos, desgarró el mueble del recibidor, me tiene lleno de miel los escritorios y lo que es peor, cada cinco minutos hay que atender su inalterable llamado: “papaaaaá”. Yo estoy que ya no veo el fin, faltan solo un par de días y eso me tranquiliza.

Afuera, en la vida real, hay miles y miles de mujeres y hombres que no tienen forma de dejar a buen resguardo a sus hijos, y para ellos, en los días en que por alguna razón la escuela no tuvo clases, o los últimos viernes de cada mes, el mundo se les pone de cabeza. Afuera de las dependencias se ven muchos niños que tienen que ir a entretenerse como puedan mientras que papá o mamá salen de laborar, que tienen que andar solos por las calles y que pasan horas dormidos en bancas o corredores. No es que los papás así lo quieran, quisiéramos todos tener lugares propicios, salir temprano de trabajar y dedicarles tiempo, pero no hay forma en esta sociedad tan difícil y competida. Los horarios de medio tiempo son muy escasos y mal pagados; los horarios de tiempo completo son complicados de encontrar y mal pagados.

No recuerdo muchas veces pero me habrá tocado un par de ocasiones cuando fui niño que el transporte escolar me dejara en la puerta de la casa y no había nadie. Me dormía en la entrada con la mochila como almohada. Algo habrá andado haciendo mi señora madre porque no la veo yéndose a echar la chorcha con sus amigotas.

La escuela de tiempo completo o de horario mixto del Paquillo, es una bendición, y trato de defender en lo que puedo la educación pública porque casi todos mis niveles escolares los hice en escuelas públicas. Pero me imagino que debe ser complicadísima la vida de las madres y los padres solteros que laboran y que no tienen familiares que puedan auxiliarlos. La entrega de hoy, la hago pensando en todos esos pobres niños que tienen que acostumbrarse a estar pegados al regazo de sus madres en los pasillos de las oficinas, y en todas esas madres que se desviven por atender al niño, poniéndolo a colorear, prestándoles el teléfono, avanzándole a la tarea, mientras al mismo tiempo tienen que sacar su trabajo. No son roles fáciles porque los infantes se convierten en niños de oficina, y ese es un ambiente que no es propicio para su desarrollo. Tengo amigas que gran parte de lo que ganan lo gastan en escuelas privadas, y entiendo que no es solo por buscar una educación completa sino también por los horarios tan escuetos que aún tienen miles de escuelas. Un horario de 9 a 12 para el kínder, es complicadísimo, y el de 8 a 1 de la tarde para la primaria sigue siendo igual de complicado.

Cuando supe de las escuelas de tiempo completo también conocí madres que se quejaron porque iban a ver menos a sus niños. Cada quien habla como le va en la feria, pero estoy seguro que esas escuelas han sido una gran bendición para miles de veracruzanos. Ojalá, como diría mi amigo Jesús Castañeda, “es mi pienso” que todos los kinders y primarias sean de tiempo completo.

Vaya un sincero reconocimiento a todas esas madres y padres que tienen a sus niños de oficina. No es fácil. Ánimo, ya falta menos.

 

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