Por Aurelio Contreras Moreno

19 de agosto del 2014

 

Es una cantaleta de nunca acabar hablar de la inseguridad que priva en Veracruz. Pero también es imperioso no dejar de señalarlo, pues las autoridades desinforman, cuando no mienten descaradamente, sobre lo que en realidad sucede en el estado y en la mayoría de sus ciudades.

En los últimos días hemos visto casi con indiferencia, de tan comunes que se han vuelto, notas periodísticas que dan cuenta de una gran cantidad de hechos delictivos a lo largo de la entidad veracruzana, que las más de las veces terminan en tragedias. Secuestros, asaltos, agresiones de diversa índole.

Todo esto pasa mientras los funcionarios gubernamentales, como el secretario de Seguridad Pública estatal Arturo Bermúdez Zurita, y hasta uno que otro burócrata de medio pelo, cuentan con ostentosos aparatos de seguridad, con guaruras armados que cruzan las calles con cartucho cortado y apuntando a la población.

A la vez, la población vive con miedo de salir a la calle, de dejar sola su casa, de ir a trabajar o a comprar la despensa. En cualquier hora del día, en cualquier lugar, existe un peligro latente de ser atacado por algún delincuente. Total, la autoridad es omisa y está más preocupada por perseguir borrachines los fines de semana que por vigilar que los ciudadanos de bien puedan vivir en paz.

Hace poco más de una semana, en este espacio nos solidarizamos con la periodista Yamiri Rodríguez, cuya casa fue allanada, por segunda ocasión en menos de tres meses, por “ladrones” que no se llevaron nada de ahí. Hoy volvemos a alzar la voz por la reportera Hylcia Trujano, quien resultó gravemente herida por asaltantes que se introdujeron en su vivienda la madrugada de este lunes.

Todo parece indicar que se trató de un asalto común y no de una agresión a Hylcia en su calidad de profesional de la información. Pero ello no le quita un ápice de gravedad al ataque que sufrió al intentar defender a su familia y su patrimonio de los criminales, pues recibió sendas heridas con un arma punzocortante que de milagro no le costaron la vida.

Por tratarse de una trabajadora de los medios de comunicación, la agresión a Hylcia Trujano recibió amplia cobertura mediática y hasta mereció que el gobernador Javier Duarte se presentara la mañana de este martes en el Centro de Especialidades Médicas de la capital del estado para visitar a la comunicadora y conocer su estado de salud, que se reporta como delicado.

¿Cuántas visitas a hospitales, centros de salud y hasta salas funerarias tendría que hacer el mandatario estatal para confortar a todas las víctimas de la violencia y la inseguridad que no tienen el privilegio de pertenecer a un medio? ¿Cuántas voces se han perdido en la indiferencia y la frialdad de las estadísticas sobre la inseguridad en Veracruz? ¿Cuántos llantos se han ahogado en el dolor de la impunidad, porque las autoridades son omisas, cuando no cómplices, de los delitos que se cometen?

Y no se ve para cuándo esto pueda cambiar. Arturo Bermúdez no será relevado de su cargo en lo que resta de este sexenio, su jefe ya se manifestó en ese sentido. Bueno, si se pasaron por el “arco del triunfo” la inhabilitación que la Secretaría de la Función Pública emitió en contra del subsecretario de Seguridad Pública “B” estatal, Federico Rivas Valdés, pues qué más podemos esperar.

¿Con qué cara se puede presentar en Veracruz este miércoles el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, cuando desde la Federación han permitido que en Veracruz impere la ley de la selva?

O lo que es peor: la ley de Herodes.

 

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