Por Rubén Ricaño Escobar

25 de agosto del 2014

 

Ciudad inclusiva es aquella que da a todos sus habitantes servicios públicos de calidad, buenos espacios de convivencia social en los que se ejerce a plenitud la ciudadanía y brinda oportunidades de desarrollo a sus habitantes. La ciudad inclusiva da accesibilidad a todas las personas, respeta los derechos de la gente y permite el pleno ejercicio de la ciudadanía activa, cuenta con una política de construcción y crecimiento con disciplina urbanística que además atiende las necesidades humanas, no diferencia ni discrimina, incluye a todos.

Si usted vive en una ciudad en la que el transporte público le brinda opciones de movilidad que satisfacen sus expectativas, si la ciudad permite su disfrute a la gente de todas las edades niños, jóvenes, ancianos, embarazadas, gente en sillas de ruedas, con muletas o bastón, sordomudos, ciegos, todo tipo de ciudadano que la habita, si la ciudad en donde usted vive cuenta con un plan estratégico construido por todos y con un buen gobierno erigido como el gran promotor de las iniciativas ciudadanas que lo aplica y lleva a cabo, si en su ciudad existen servicios públicos de calidad y las personas han sido colocadas en el centro de la gestión del gobierno, porque las personas son lo más importante para ellos ¡Felicidades! Vive usted en una ciudad inclusiva, comprometida con la gente, usted vive en una ciudad muy humana, que cumple con la finalidad natural que debieran tener todas las ciudades.

Pero si en la ciudad en la que usted vive hay un transporte público obsoleto, si es insegura, si no está limpia y se recolecta la basura de la misma forma de hace veinte o treinta años, si usted vive en una ciudad con caos vial, que crece anárquicamente, si en los Consejos Ciudadanos que crea el ayuntamiento están siempre los mismos, si no tiene oportunidades de empleo, de acceso a una educación de calidad, a servicios médicos eficientes, entonces vive usted en una de esas tantas ciudades de México en la que los alcaldes y los grupos de poder ven al gobierno municipal como un botín de guerra, un medio para enriquecerse a costa del empobrecimiento de la gente y la depredación urbana y moral de la ciudad.

Si usted vive en una ciudad así, ha llegado el momento de hacer un alto en el camino y reflexionar sobre lo que hemos estado haciendo mal por décadas, sobre nuestro papel como ciudadanos y sobre el papel de los gobiernos municipales que hemos tenido. Vale la pena detenerse y reflexionar sobre si ejercemos una ciudadanía activa o solo nos limitamos a quedarnos quietos y quejarnos de la mala suerte que ha tenido la ciudad. La construcción de la ciudad es un largo proceso en el tiempo y esa construcción nunca termina, la ciudad inclusiva es el reflejo de las necesidades humanas y cuenta con ciudadanos conscientes, participativos y comprometidos con ella: por eso es importante construir ciudad y ciudadanía con equidad, accesible para todos, democrática y participativa, no se vale que la ciudad sea el resultado de sinergias no planeadas y peor aún que su funcionamiento lo pongamos en manos de gente irresponsable que siempre termina decepcionándonos.

Las grandes decisiones de la ciudad las debemos tomar todos, no debe ser un acto de voluntarismo de una sola persona, que es el alcalde, porque éste dejará de serlo en pocos años y nosotros seremos ciudadanos toda la vida y nos quedaremos padeciendo la ciudad como ocurre aquí, o disfrutándola como ocurre en las ciudades desarrolladas que han tenido la fortuna de contar con buenos gobernantes, con gente buena que es la que hace cosas buenas.

La construcción de ciudad inclusiva es más responsabilidad nuestra que del gobierno municipal y lo es porque se supone que somos los ciudadanos los que elegimos a las autoridades y si nos quejamos de que por lustros no hemos tenido buenos ayuntamientos es porque fuimos nosotros quienes llevamos a esas personas al gobierno, o porque pertenecemos a esa clase de ciudadanos que dicen: “Yo por eso no salí a votar, todos son iguales” estos ciudadanos son los peores, son aquellos a los que Bertolt Brecht llamó los ignorantes políticos: “El analfabeto político –dijo- es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

Si queremos alcanzar la ciudad inclusiva en la que todos sus habitantes tengan las mismas posibilidades de realizarse a plenitud y vivir con felicidad, quizá sea el momento de entender que construir ciudad implica también construir ciudadanía, educar al niño cívicamente para que adquiera la conciencia social y el perfil que le permitirá ser el activo constructor de esa ciudad que será justa con todos sus habitantes, que tendrá servicios públicos modernos, sustentables e incluyentes y que tendrá gobernantes formados de manera muy distinta de los políticos actuales. Es en tu ciudad el lugar en donde pasaremos el resto de nuestras vidas y de nosotros depende vivir ese resto en un lugar que nos de justicia social, equidad, bienestar y satisfacción.

Icanos para desterrar de la patria amada los flagelos de la pobreza, el hambre, la injusticia y la falta de oportunidades.
Eduquemos conscientes de que somos los transformadores sociales que forjaremos a la nueva generación de mexicanos que desterrará de esta amada tierra el mayor mal que que padecemos, los malos gobiernos.

Comentarios a rubenricano@nullcmdmexico.org y @rubenricano