Por Aurelio Contreras Moreno

29 de agosto del 2014

 

Si hay un aspirante a la gubernatura de Veracruz que se toma en serio esa intención y actúa en consecuencia, es el senador Héctor Yunes Landa.

En los últimos meses hemos visto cómo desarrolla una frenética agenda de actividades en diversos puntos del estado, lo que le ayuda a promover su imagen, situación que no es ilegal pues su condición de Senador de la República se lo permite.

No por nada algunas encuestas lo colocan como puntero en la carrera por la titularidad del Ejecutivo veracruzano en 2016. Nadie puede regatearle ser uno de los políticos más conocidos del estado. Su carácter “echado para delante” lo ha llevado a aceptar pública y abiertamente su deseo por ser el próximo Gobernador de Veracruz. No lo oculta ni anda con medias tintas.

Por esa misma razón es que es él uno de los políticos a quienes se dedicó la propuesta de reformar la Constitución de Veracruz para que el próximo periodo de la gubernatura sea de solamente dos años. Sólo que dicha dedicatoria no es en absoluto amigable.

Yunes Landa es repudiado por el duartismo, que le ha colocado todos los obstáculos posibles para evitar que llegue bien posicionado a la hora de la definición de la candidatura del PRI a Gobernador. Lo del periodo de dos años lleva implícita la intención de que ni él ni los otros dos Yunes interesados en la gubernatura compitan en los comicios de 2016.

Por supuesto, Yunes Landa se opuso a la idea de un gobernador de sólo dos años. En cambio propuso que el periodo sea de cinco años para así homologar los procesos estatal y federal hasta la siguiente elección. A fin de cuentas, mejor un quinquenio que un mísero bienio en el poder.

Bronco como es, y cansado de las trampas que en el camino le ponen sus “amigos”, Héctor Yunes llegó al límite del rompimiento con el grupo gobernante en Veracruz, al criticar públicamente la desastrosa situación económica del estado y quejarse de que desde el Gobierno del Estado lo atacan.

No le salió mal la jugada. Hace poco fue recibido en privado por el gobernador Javier Duarte de Ochoa, con quien habría pactado una especie de tregua. De esta forma cesaron, al menos momentáneamente, las hostilidades entre ambos grupos.

Tanto así, que incluso el gobernador Duarte le mandó un mensaje político a Yunes Landa al acudir a la asamblea estatal de Alternativa Veracruzana (Ave), un partido estatal creado al final del sexenio de Fidel Herrera y que desde el inicio del gobierno de Javier Duarte se ha manejado que podría ser el que postulase en primer lugar a Héctor Yunes como su candidato a la gubernatura.

Las coincidencias entre Yunes Landa y el Ave llegan al punto de que este partido anunció que en el próximo periodo de sesiones de la LXIII Legislatura del Estado, que arranca en septiembre, presentará una iniciativa para que el próximo periodo de la gubernatura de Veracruz sea, precisamente, de cinco años, tal como lo propuso ya el senador.

La estrategia de Héctor Yunes ha sido no aflojar el paso en su promoción política personal. Y juega el juego del estira y afloja, del golpeteo y el apapacho de vuelta, hasta que llegue la siguiente confrontación.

Él sabe bien que ser postulado únicamente por un partido de tan escaso alcance como el Ave no le sirve de nada. Por eso ejerce presión, principalmente en el partido en el que aún milita y del cual fue dirigente estatal, el PRI, para que no lo margine ni lo ignore, pues su capital político y su estructura a lo largo del estado no es de desdeñarse.

Porque si bien fuera del PRI muy difícilmente ganaría la elección, sí podría hacer perder a cualquiera de los “delfines” del duartismo, que siendo honestos, ni a charal llegan.

 

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