Por Aurelio Contreras Moreno

18 de agosto del 2014

 

El caso de la columnista del diario porteño Notiver María Josefina Gamboa Torales ha tomado una dimensión inaudita, desproporcionada, desquiciante.

En su afán de venganza en contra de la periodista, el gobernador Javier Duarte de Ochoa convirtió lo que debió ser un caso más que debía procesarse por la vía judicial, en una bomba política que podría tener consecuencias funestas para su gobierno.

A pesar de contar con un amparo para evitar ser trasladada de la prisión preventiva en la que se encontraba en el puerto de Veracruz, Gamboa Torales fue transferida al reclusorio de la ciudad de Tuxpan, en el norte del estado, la madrugada del sábado pasado, sin que su defensa fuera notificada de esta decisión, de la que se percató cuando su abogado Jorge Winckler acudió a visitar a su clienta.

La justificación del Gobierno del Estado, expresada a través de un boletín emitido la noche del mismo sábado, es que el amparo era “contra alguna orden de autoridad administrativa para trasladarla a otro penal, como la Dirección General de Prevención y Readaptación Social”.

Pero la orden para trasladarla a Tuxpan provino del Poder Judicial del Estado, que en éste y otros casos ha demostrado su penosa sumisión al Ejecutivo. Y según el comunicado, al tratarse de un “mandato judicial”, el amparo promovido por Gamboa Torales habría quedado sin efectos. Ya veremos qué dice la justicia federal ante lo que parece es un flagrante desacato de parte del gobierno veracruzano.

Lo que es incontrovertible es que todo el aparato del estado está volcado en contra de María Josefina Gamboa, con una saña de no creerse, al punto de hacer trizas cualquier indicio de debido proceso en su caso, lo que atenta no sólo contra las garantías individuales de la periodista, sino hasta contra el derecho de la familia del joven que murió atropellado por ésta, José Luis Burela, que ante todas las anomalías en que han incurrido la Procuraduría estatal y el Tribunal Superior, está en riesgo de no recibir justicia, pues hay vicios de origen que desvirtúan por completo todas las actuaciones judiciales que se han llevado a cabo.

Ahí está como ejemplo de lo anterior el subprocurador de la zona Veracruz, Leopoldo Muñiz, quien debió excusarse de conocer el caso de Gamboa Torales, pues sostuvo una relación sentimental con ella, lo que supone un claro conflicto de interés. Pero no sólo no se excusó, sino que mintió al declarar que no conocía a la columnista, lo que le valió ser exhibido en redes sociales y portales de Internet con la difusión de fotografías en las que aparece con Marijose en un bar, en una situación romántica. Si tuviera un poco de dignidad, este funcionario ya habría presentado su renuncia.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el gobernador Duarte para consumar su venganza en contra de una de las periodistas más críticas de su administración? No parece tener límites. Su gobierno ha torcido la ley de manera descomunal para lograr ese fin. ¿Y qué ha conseguido? Hacer de María Josefina Gamboa Torales una “mártir”, una víctima de un abuso de poder descomunal. Y ni siquiera pudieron impedir que siguiera escribiendo desde la cárcel.

El caso de Marijose Gamboa reviste interés periodístico por la manera como este gobierno actúa en contra de quien lo critica desde las páginas de un periódico. Por el mensaje implícito hacia todos los demás periodistas de lo que puede sucederles si osan apartarse de la versión oficial del Veracruz paradisiaco donde todo es felicidad, crecimiento económico, seguridad y honestidad gubernamental.

Lo peor es que muchos “compañeros” de gremio se han unido al linchamiento de Gamboa Torales pensando que ellos están a salvo, pues están del lado “correcto” y nada ha de pasarles. La realidad ya ha demostrado antes que eso no es así. Allá ellos.

Y como si Veracruz fuera una isla o un territorio independiente de la República Mexicana, el Gobierno Federal permanece impasible, indiferente, ante los abusos y atracos que aquí se cometen. Los ciudadanos de este estado estamos en indefensión total.

María Josefina Gamboa Torales es una presa política y de pensamiento del Gobierno del Estado de Veracruz, cuyo actual régimen cargará para siempre con el descrédito y la vergüenza de ensañarse cobardemente con una mujer.

 

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