Por Aurelio Contreras Moreno

22 de agosto del 2014

 

 

No le quedó de otra al procurador general de Justicia de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, que admitir lo que de todos modos se iba a conocer: el estado vive una ola de secuestros que supera en número a los de años anteriores.

Esto, a pesar de las campanas a vuelo que un día sí, y otro también, echa el gobierno veracruzano para intentar hacer creer que los índices delictivos van a la baja, como lo declarara hace unos días el propio gobernador Javier Duarte de Ochoa.

El Procurador reportó, con base en datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que durante el primer semestre del año se registraron 93 secuestros en Veracruz, y que abril fue el mes donde se recrudeció este delito, con 24 plagios, 14 en mayo y en junio, y diez en julio.

Y estamos hablando únicamente de los casos denunciados ante el Ministerio Público, que son los que pueden ser reportados al Sistema Nacional de Seguridad Pública. Como con otros delitos, las víctimas prefieren las más de las veces no denunciar por miedo a represalias, por desconfianza en las autoridades, o simplemente porque piensan que es inútil, pues el sistema de procuración e impartición de justicia en Veracruz no funciona.

No fue gratuito que también hace unos cuantos días, el pasado miércoles 20 de agosto, el delegado de la Secretaría de Gobernación en Veracruz, Alberto Amador Leal, declarara que preocupaba la alta incidencia de secuestros en la entidad, sobre todo en la zona norte del estado, en la región Córdoba-Orizaba y en Coatzacoalcos.

Lo que llama la atención es que se produzca este fenómeno con tal intensidad cuando, atendiendo a las propias declaraciones de las autoridades, trabajan “de manera coordinada” el Ejército, la Marina y la Procuraduría General de la República con la Secretaría de Seguridad Pública estatal y el Ministerio Público local, a través del programa “Veracruz Seguro” y de las corporaciones unidas de lo que se conoce como el “Mando Único”.

¿Qué es lo que está fallando? Quizás todo. México sigue inmerso en una espiral de violencia, aunque esto ya no sea tema para los medios de comunicación. Y en Veracruz, de acuerdo con denuncias de organismos no gubernamentales como el Colectivo por la Paz, en buena parte de los delitos que implican el secuestro y la desaparición de personas están involucrados elementos de las corporaciones policíacas, con todo y la propaganda oficial que presume de “policías científicas” de alta preparación.

Por desgracia, la abulia de las autoridades, que prefieren eludir su responsabilidad con cifras maquilladas y escenarios de ensueño, no ayuda a construir estrategias que devuelvan la tranquilidad a los ciudadanos, que se ven agredidos incluso dentro de sus casas por malvivientes que actúan a la sombra, si no es que al amparo, de quienes deberían garantizar la seguridad de las personas, pues por ello cobran sus sueldos, jugosísimos en el caso de los altos mandos.

Que no nos quieran “dorar la píldora” con que los índices delictivos van a la baja mientras no se puede salir a la calle sin miedo de ser asaltado, secuestrado, violado, golpeado o vejado.

Y eso que estamos hablando sólo de delitos del fuero común. La delincuencia organizada es otra historia.

 

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