Por Atticuss Licona

29 de agosto del 2014

 

Muy amablemente me obsequiaron una llamada para invitarme a la plenaria de los senadores priístas. Me asomé a la ventana y vi que iba a llover. La posible precipitación minó mis ánimos de por sí nada alborotados pues las aglomeraciones no son lo mío, ya que tengo una incipiente politicofobia. Les ahorraré los argumentos que utilicé para excusarme. Baste decir que decliné y le encargué al interlocutor que ya que andaba por allá me auxiliara con algunas fotografías, que me informara cómo andaba el clima por el Puerto y si tenía la suficiente gracia, me trajera algún recuerdito siempre y cuando no fuera una insufrible playera del malecón.

Recordarán ustedes la mala suerte del Jefe Diego, quien no sólo tuvo que soportar un espeluznante secuestro, sino que incluso, antes de eso, sufrió el penoso robo de su cartera. Yo creo que fue en los elevadores de la Torre del Caballito, antigua sede del Senado, donde se reunía lo más granado de esos hamponcitos. A mí me tocó trabajar en la mencionada Torre por cuatro años (en oficinas no dependientes del Senado), y me tocaba todos los días, invariablemente, encontrarme a uno o dos senadores en los elevadores. Por aquellos tiempos se puso de moda cuidar la cartera en El Caballito porque como ellos mismos presumían, había “muchos senadores sueltos” y ni modo, en cuanto alguno se subía había que repegarse a la pared. Tan poco dinero y que te lo quitaran esos carteristas no era cosa graciosa.

Después de esa pequeña digresión pasaré a enfocarme a los senadores de ahora. El polaco avecindado en Alemania, Günter Grass, alguna vez escribió refiriéndose a la guerra de Vietnam que era “a lo sumo el resultado de una política equivocada o la manifestación necesaria de un sistema social corrompido”. Ideas como esa son las que, como él mismo dijera, “se deberían congelar, para poder descongelarlas algún día, pensarlas hasta el fin y traducirlas en acción”. Lo que los senadores y los diputados realizaron en este último año y medio fue transformar a México. Lo movieron literalmente, como presume la Presidencia de la República. Algún día tendremos tiempo para descongelar las ideas que ahora mismo nos revolotean cual aves peregrinas y las veremos a la contraluz de lo que escriba la historia. Los movimientos que le infligieron al país podrían ser buenos, quiero pensarlo, necesito creerlo, porque siempre hay que esperar lo mejor; pero también podrían ser los tropiezos telúricos que destruyeron a un país, y habría que estar preparados.

Escucho en todas partes comentarios de desolación, una falta profunda de fe en las instituciones pero una fe ciega en México como país. Lo cierto es que, como dijera el señor Günter, hemos estado viviendo por ya demasiados años bajo políticas que a todas luces las podemos catalogar como equivocadas –no en balde nos está llevando la tristeza- y estamos ante una clase gobernante corrompida que incluso se atreve a decir que la corrupción es algo cultural (Peña Nieto dixit). Algún día podremos sentarnos cómodamente en el frente de nuestras casas, tapados con cálidas mantas y cargando a nuestros nietos. Cuando ese día llegue probablemente los chiquillos tengan la suficiente curia de preguntarnos ¿Agüelito, cómo fue que llegamos hasta acá?

¿Cuál será la respuesta? ¿Será la explicación de cómo nos hundimos o de cómo nos salvamos? Sobre la conciencia de los legisladores priístas, panistas, perredistas y toda la chiquillería, caerá la responsabilidad. Ahora mismo ni ellos lo saben. Aseguran que los beneficios llegarán en casi una década. No es fácil poner en marcha una carrocería oxidada y vieja. ¿Para qué ir a verlos ahora si todavía no tienen respuestas? Hasta hoy, cuando los veo, sigo temiendo más por mi cartera, me sigue ganando la politicofobia. Tal vez algún día cambie mi sentir. Por ahora de lo que no hay duda es que ya movieron a México. Ojalá no nos caigamos de la cama. Lo invito a soñar, y espero sinceramente que los sueños no se conviertan en pesadillas. Sueñe bien querido lector lectora, que los sueños son gratis. Descanse este fin de semana porque los domadores de los destinos del país se reunieron a felicitarse unos a otros en Boca del Río. Ahora celebran, pero en un futuro será tiempo de pensar esas ideas “hasta el fin”. Por esta semana es todo, ya es viernes y de quincena. Cuídese y pórtese serio.

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