Por Aurelio Contreras Moreno

12 de agosto del 2014

 

Aunque en el discurso lo minimizan, la realidad es que el surgimiento del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) tiene en estado de pánico al Partido de la Revolución Democrática, que está en verdadero riesgo de desaparecer.

Y es que la credibilidad del perredismo institucional terminó de desaparecer con su tibia defensa de la riqueza energética del país que fue puesta a remate con la reforma promulgada este lunes por el presidente Enrique Peña Nieto.

Pero la caída en picada del PRD tiene ya tiempo gestándose. Básicamente, desde que a nivel federal se convirtió en un partido colaboracionista y “palero” del régimen priista, olvidándose de que era oposición con tal de “participar” de la discusión de los “grandes” temas nacionales, de la cual fue excluido cuando, aunque fuera por mera pose ideológica, se manifestó en contra, como fue el citado caso de la reforma energética.

Su papel de simple patiño del Gobierno Federal le está siendo cobrado ya. En su bastión histórico, la Ciudad de México, se registra una desbandada silenciosa de militantes. Las alianzas inconfesables, consentidas y hasta promovidas por el PRD en los estados de la República, también provocaron un total desencanto en sus afiliados y simpatizantes, que cada vez en mayor número emigran hacia Morena, en lo que consideran es su última opción para participar en política por la vía institucional, con todo y que ese nuevo partido sea un club de fieles seguidores de Andrés Manuel López Obrador, cuya fuerza política y electoral apenas está por medirse.

Como sucederá a nivel nacional, también en Veracruz –quizás uno de los ejemplos más claros del descrédito del perredismo que se vendió al mejor postor– habrá relevo en la dirigencia estatal. Pero de los aspirantes a presidir ese partido no se hace uno.

Rogelio Franco Castán, quien ya fue hace años dirigente estatal del PRD, es el candidato del grupo que tomó por asalto a ese partido con la ayuda del Gobierno del Estado de Veracruz desde el proceso electoral local de 2013. Representa la continuidad del “PRD rojo” abyecto y espurio encarnado por Sergio Rodríguez Cortés, que se entregó al régimen priista en la entidad y que de izquierda ya no le queda ni el discurso, pues sus actuales “figuras” son bufones al servicio del Ejecutivo o trapecistas a sueldo que van de partido en partido como sanguijuelas de la política.

Hay otros aspirantes que ya manifestaron sus intenciones de participar, como Daniel Nava, quien también fue cómplice del asalto priista al PRD en 2013, pero que después fue hecho a un lado por Sergio Rodríguez y sus golpistas. Y así nos podemos seguir mencionando a personajes de la misma ralea.

El Partido de la Revolución Democrática, como proyecto de una izquierda moderna, se perdió primero en el caudillismo del que emergió, luego en el pragmatismo que lo desdibujó y finalmente en la corrupción que lo hundió. En esas condiciones, más le valdría desaparecer.

Pero mientras la caja de las prerrogativas siga sonando, y los maletines llenos de dinero no dejen de llegar, ahí seguirán, como rémoras de un régimen que una vez intentaron modificar por la vía de la democracia. Triste final.

 

Solidaridad y exigencia

La semana pasada, y por segunda ocasión en pocos meses, la casa de la periodista Yamiri Rodríguez Madrid en la capital de Veracruz fue allanada por presuntos asaltantes. Y decimos presuntos porque, igual que la primera vez, no se llevaron objetos de valor, lo que provoca sospechar que se trate de una intimidación.

A Yamiri le expreso mi solidaridad incondicional y mi afecto. A la autoridad estatal, se le exige que de una vez por todas haga su trabajo, ofrezca garantías a la periodista para ejercer su profesión y se ocupe de la seguridad de los ciudadanos veracruzanos, que cada día está en peores condiciones.

 

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