Los elevados precios que han alcanzado el limón, el aguacate y ahora la naranja, expresan los graves desequilibrios que existen en el campo mexicano en donde el último en beneficiarse es el productor, sujeto y víctima de los dueños de los canales de comercialización de sus productos. Cuando el limón alcanzó inéditos precios el producto abundaba en el campo y el pago por kilo o tonelada en la huerta del productor de ninguna manera correspondía a lo que pagaba en el mercado el consumidor, otra víctima cautiva de ese perverso círculo que ninguna autoridad en México ha podido o querido deshacer. En esta temporada-julio, agosto- la naranja Veracruz define el precio de la fruta pues escasea y a nivel nacional la oferta disminuye, por lo que su precio se incrementa. Desafortunadamente quienes hacen su “agosto” son los intermediarios, no el productor del campo.