Por Atticuss Licona

21 de agosto del 2014

 

No es común que cuando alguien entrevista a un Presidente, el interlocutor por muy macanudo que sea con sus pares, no se le ponga al emperador azteca de pechito, le pavimente el camino y hasta le abanique una que otra respuesta cuando al preciso se le congelan los surcos del cerebro. Anoche, ya con mis pensamientos abotagados y viendo a López Dóriga para hacer sueño, anunció éste que el energético Peña Nieto iba a estar rodeado de acuciosos periodistas con quienes hablaría de las reformas.

Mal destino puede tener este pobre México cuando el General de las heroicas fuerzas armadas nos dice que la corrupción es una cuestión cultural. Eso equivale a decirnos que podremos arreglar todo, absolutamente todo lo demás, lo energético, lo laboral, lo fiscal y tal vez hasta la violencia, pero nunca la corrupción porque al ser cultural sería quitarnos la identidad. Ese ir echado siempre para delante de los alemanes; la curiosidad de los japoneses; lo montonero de los rusos; lo soberbio de los argentinos; lo alegre del brasileño; podría considerarlo como características culturales, cualidades intrínsecas sin las cuales un japonés sería un simple amarillito más perdido entre los miles de millones de asiáticos, por ejemplo. Los chinos, en su caso, no son considerados culturalmente como corruptos, sin embargo ahí está el mártir asiático, Zhenli Ye Gon, quien nos quitó ese trono de corrupción con su famosísima frase de “coopelas o cuello”. Los anchurosos campos de la humanidad hormiguean de rufianes y corruptos, y me niego a creer que por desventura la mayoría radican en México.

El Carova, viejo amigo de la facultad, decía que entre las universitarias había un filtro para escoger a las chicas más feas y a esas ponerlas en ingeniería. Nada más alejado de la realidad, lo que pasa es que el muchacho no sabía discernir. Varias de mis más guapas amigas estudiaron ingeniería e incluso gran parte de mi decisión de estudiar en Chihuahua una maestría estuvo influenciada por mi aspiración de toparme a una guapa ingeniera norteña desbalagada que me viera con bonitos ojos. Lo que pasa es que mi viejo amigo era corto de miras en cuestiones femeninas, pero eso no justificaba su apreciación realizada a priori. Decir que el mexicano es corrupto por cultura y que eso lo diga uno de los mexicanos que debería tener la mayor amplitud de miras, es sintomático de esta demagogia política que reparte culpas. Ahora resulta que corruptos somos todos, que no solo estamos jodidos y vamos arrastrando el petate en este valle de lágrimas, sino que encima es nuestra culpa. No sé qué espere el energético, que agachemos la cabeza como los inditos y sobando el sombrero digamos mansamente “sí siñor” o que encima que aguantamos los vendavales financieros nos tenemos que azotar con varas de zarzamora y mientras nos sacamos sangre salmodiemos “mea culpa, mea culpa”.

No señor Gaviotón, el mexicano no es corrupto culturalmente hablando, hay muchos, nadie lo niega, pero con los que están en el sector privado bastan para entretenernos sin que nos tengan que endilgar sus gracias los del sector público. Yo me destornillo de risa cuando en las redes sociales dicen “ni un voto más al PRI” pues no se dan cuenta que la cultura de la corrupción ha hecho metástasis en la médula del sistema pluripartidista y entonces tendríamos que negarle el voto a todos los partidos políticos como si fuera fácil el no chillarles la gracia. Señoras y señores, niñas y niños, después de doce años de ausencia el PRI volvió y como los panistas no sólo no pudieron levantar el cochinero sino que incluso lo empuercaron más, nos acaban de aclarar la situación (fanfarrias por favor): ¡todos somos corruptos!

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