El alcalde de la ciudad de Veracruz se sinceró durante la inauguración de la Feria del Libro cuando le interrogaron acerca de sus lecturas: “no tengo el hábito de leer un libro al año o algo así”, dijo. Sin embargo es alcalde, y de qué municipio. El caso sirve para la reflexión, porque para los efectos de su encargo la población quiere soluciones a los problemas colectivos, no bellos ni doctos discursos; en un pragmatismo descarnado lo único que le interesa de sus autoridades es que se apliquen a servirla sin simulaciones, con eficiencia y honradez. ¡Claro! En un país nórdico no la haría, ni lo hubieran electo, pero acá es el trópico caliente, la pachanga casi diaria, la Salsa y las palmeras borrachas de sol, el quítate para que me ponga yo.