Por David Quitano

5 de agosto de 2014

El tiempo es la cosa más valiosa que una persona puede gastar.”

-Theophrastus (300-287 a.C.)

73 horas de discusión en 6 dictámenes fue el tiempo que duraron los debates sobre las leyes energéticas la madrugada del sábado pasado concluyó la Cámara de Diputados; esa numeralia temporal del debate sin duda se quedará corta.

La verdadera discusión se perpetuará, pues el dogma y la visión de cómo hacer política económica seguirán presentes en la agenda individual de los columnistas y de la sociedad civil, cada vez que se realice una opinión con respecto a algún tema que se circunscriba a su economía personal.

El desarrollo del México contemporáneo, sus logros y problemas, sus dilemas y proyectos con los cuales busca superarse, lo colocan en la vorágine de opiniones, mismos que se posicionarán en las decisiones que se tomen en el presente.

La práctica de la vida cotidiana nos marca que eran impostergables las reformas, no podíamos continuar al mismo ritmo de crecimiento y mucho menos permitirnos vivir con una brecha de desigualdad tan marcada como la que hasta ahora impera.

Nuestro país no se merece vivir con vacíos de ley, ingresos poco homogéneos y, sobretodo, echando a la borda un bono poblacional como con el que hasta ahora se cuenta.

Las reformas son fundamentales para el futuro del país, es una nueva visión de Estado, donde la iniciativa privada se posiciona en el centro de la órbita y se busca que con base en ella, se eleve la productividad.

La situación que nos ocupa es saber si estamos lo suficientemente preparados para emprender y ver al sector empresarial como el vehículo de prosperidad del país.

La complejidad del asunto puede hacernos evocar nuestra experiencia más pronta a un tema tan particular como en el vivimos, que nos remonta a noviembre de 1993 con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, como el momento en el cuál se signa la primera gran transformación del México actual.

Sin duda, con respecto al tema, los procesos de adecuación han tenido honrosos alcances, pero también paupérrimos logros, principalmente en los sectores con menor grado (primario) de competitividad.

Es preciso mencionar que un gran número de aspectos de las nuevas reformas no parecen del todo claras, pero espero (a pesar de eso) que estas sirvan para que se transforme en un país de soluciones, de opciones y con pleno desarrollo.

Para lograr alcanzar ese México, es ineludible que se ostente con nitidez de un   ensamblaje evolutivo acorde a la realidad existente de una sociedad demandante y moderna, la cual necesita ver el carácter inclusivo de las reformas; para que de esta manera las charlas, los debates y todas las futuras tertulias precisen a las reformas como el momento nodal en el cual nuestro país cambió y avanzó en favor del bienestar de sus ciudadanos.

Todos esperamos que las reformas tengan el éxito que con bomba anuncian; hasta los de la oposición deben esperar el éxito, porque en última y primera instancia es para el beneficio de México.  

De no lograr alcanzar el éxito, es necesario que se realicen las adecuaciones precisas para que de una vez por todas conquistemos un país más competitivo e incluyente.

Recordando:

Hay quienes ven la iniciativa privada como un blanco de tiro o como una vaca presta a ser ordeñada, pero son pocos los que la entienden como el fornido caballo que mueve la carreta. Winston Churchill.

Twitter: @David_Quitano