Por Silvia Núñez Hernández

15 de agosto del 2014

 

A un ciudadano, trabajador, padre de familia, jamás le pasa por la mente la posibilidad de sufrir una de las peores pesadillas que pudiera padecer un ser humano: estar en la cárcel. El 11 de junio del 2104, María Josefina Gamboa Torales, cuando sonó su despertador para iniciar su arreglo personal, jamás consideró la remota idea, que en la madrugada del 12 iba a iniciar una de sus peores pesadillas.

 

Un infierno orquestado desde el “Palacio de Hierro” donde habita uno de los más siniestros personajes que pudieran haber inventado en cualquier historia siniestra de los cuentos de horror, quien aprovechándose de un lamentable accidente, ha confeccionado por medio de su gran “fabricante” de delitos, Enoc Maldonado, una serie de vejaciones a los derechos humanos en contra de la periodista, al grado de hasta impedir ésta sea tratada del esquince cervical y la rectificación de las vértebras que sufre a causa del percance.

 

El día de ayer jueves, fue día de visita en el “El Penalito”. Arribé junto con mi amiga y colega Sandra Segura, con la que pretendí la grandiosa idea de ingresar juntas a ver a Maryjose. Las circunstancias no nos lo permitieron derivado del número de personas que ansiosas desean ingresar a saludarla y estrechar su mano o para simplemente, compartirles algún elemento –como los bosquejos para pintar de Amparito- y con ello intentar distraer a “Majo” y hacer menos difícil su estancia en tan desolado lugar.

 

Ingresé con dos excelentes compañías. Dos religiosos que me compartieron las oraciones con las que envolvieron ese frío lugar, convirtiéndolo un espacio cobijado por algo divino. Debo confesar que no soy muy dada a canalizar mis esperanzas a un ser supremo, pero en esta ocasión, luego de intentar ponerme en los zapatos de mi querida colega, sentí el deseo fuerte de dejar elementos divinos que le hicieran menos pesado la difícil permanencia en esa patética mazmorra.

 

Conociendo cuales eran las reglas a seguir, logré a aventajar a mis dos acompañantes para dejarlos atrás en el registro para su ingreso. Eso me daría cinco minutos de ventaja entre uno y otro para ingresar a la celda y así mañosamente charlar unos minutos a solas con ella. El policía abrió la celda, Maryjose se encontraba sentada frente al acceso, con su mirada clavada a la lectura de un libro, al oír que algo se movía hacia ella, alzó su mirada y embozó una complaciente sonrisa, gustosa de verme.

 

Vestida con una blusa café con pantalón de mezclilla y unas sandalias de piso, caminó hacia mí y me abrazó fuertemente. En su cuello aun luce el collarín, el cual resaltaba pese a que traía su cabello suelto y pude percibir tristeza en su mirada, mientras me agradecía el hecho de estar en ese momento visitándola. Mi único “tesoro” para ella, era el periódico Notiver que me fue encomendado por Blanca Aquino, acto que diariamente le ingresan, porque su defensa, consiguió dicho “privilegio”.

 

Me alertó sobre su dolor en el cuello y espalda. Me comentó sobre una punzada constante que siente en las cervicales y vi su indignación en el momento que me comentaba de que pese a la instrucción de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, pues simplemente el gobernador del estado de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, no le apetece permitir la hospitalicen para constatar el grado en el que se encuentra su salud, luego que a un mes y tres días del accidente, no se le ha valorado sobre el tipo de lesión que mantiene.

 

También me comentó de cómo la supuesta “doctora” del Penalito sin ningún tipo de instrumentos o estudios –con sólo mirarla- determinó el grado de lesión –así es de “fregona”- y el tipo de medicina que debería de suministrarle. Por órdenes de su jefe Arturo Bermúdez, la intentaron inyectar quien sabe que sustancia y con qué consecuencias. Obviamente Maryjose impidió dicho acto y concedió le proporcionaran sólo medicina para el dolor.

 

“Sólo me dan unas pastillas para el dolor, pero no permito que me den o me quieran suministrar medicamentos (…), la doctora molesta por que se lo impedí, viene diariamente y me tira al suelo la medicina para el dolor. Se lo he reclamado pero no le interesa y continúa tratándome como si yo fuera un animal (…). Cuando vinieron los de la CNDH, revisaron mi celda y el agua con la que me baño y a los custodios les exigieron que me limpiaran el depósito de agua, el cual estaba llena de bichos y llena de basurilla (…). “Acomedidos” me lavaron el tambo y la doctora cuando fue atraída por parte de derechos humanos, se portó servil y sumisa, cuando ésta autoridad le cuestionaba su actuar, ahí frente a ellos, dijo que no se daba cuenta que me molestaba que lo dejara en el suelo y me pidió una disculpa con odio (…). Actualmente son los custodios quienes me hacen llegar las pastillas”.

 

La reja se abrió en ese momento nuevamente para dar paso al resto de mi grupo con los cuales ingresé. En ese momento, posterior a otro abrazo de “Majo”, vino una charla casi privada con ese padre, quien escuchó casi de manera privada una confesión, posteriormente el rezo que le brindaría a Maryjose sentir la presencia y la mano de Dios.

 

Al término de su acto religioso, Majo nos llamó a la otra persona a mí para acercarnos dónde el sacerdote estaba con ella –un espacio seleccionado, un espacio lejos de la cámara de seguridad que la vigila día y noche-. Sentadas en el suelo, mi querida amiga y yo, permanecimos tomadas de la mano, mientras charlábamos grupalmente.

 

Ahí nos manifestó que su gran pesar, su gran tristeza, es encontrarse lejos de su pequeña hija, quien a sus escasos ocho años, intenta tener la fortaleza de estar alejada de su madre. Para Maryjose, el robo de Javier Duarte de Ochoa que le ha hecho al meterla en dicha mazmorra es la peor de las canalladas que una persona puede ejercer sobre otra. La ventaja de la vida –fuera de cuestiones de fe y divina- es que nadie escapa a la causa-efecto de sus acciones. Todo se paga aquí y ahora. El infierno o el paraíso de cada una de los individuos que transitan en este mundo, lo padecen sin excepciones en la Tierra. Algunos lo llaman “karma” otros “justicia”.

 

Dice alguien que desearlo no es bueno tampoco. Me declaro culpable entonces por ser asiduo espectadora de la factura de la vida y disfrutarlo. Tengo la fortuna de tener la oportunidad de ver caer a las “lacras”. Honestamente lo disfruto mucho y me siento absolutamente complacida de lo justa que es la vida para cobrar a cada uno de los seres humanos sus malas acciones.

 

El veneno señores políticos priístas, los alcanza. Tengan la seguridad de ello. No citaré nombres, pero existen sujetos en éste, el gobierno del estado, quienes han transitado bajo actos realmente deshonestos. Ahora padece y sufre las consecuencias de malsana actitud.

 

Señor gobernador. El poder no es eterno pero el repudio social sí. Me sentaré a observar el cobro de todas sus malas acciones. Tendrá mucho que pagar porque fueron dos sexenios –el de Fidel Herrera Beltrán y el suyo- que llevará a cuestas. Su arbitrariedad, su demagogia, el creerse “Franco” –versión cuarta- va a traerle un costo muy fuerte y justo. Su paso en el poder, ya se sabe, le ha costado una separación conyugal –aunque pretenda ocultarlo-. Al parecer, quienes lo repudiarán en su momento podrían ser sus propios hijos o alguno de ellos, en el momento que estos tengan conciencia y conozcan a detalle cada una de las ruines acciones que cometió de la mano de gente igual de mezquina. El tiempo dirá, sólo es cuestión de esperar y ser pacientes.

 

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