Por J. Enrique Olivera Arce

28 de agosto del 2014

 

Difícil referirse a la vida política veracruzana sin caer en lugares comunes o, aún peor, en hacerle el juego a quienes se benefician escribiendo y publicando lo que el gobernador en turno y su cohorte de ineptos funcionarios quiere escuchar. No pago para que me peguen, afirmara el ex presidente López Portillo al inicio de los siete lustros de vacas flacas que siguieran al anuncio de que se entraba en la etapa de la administración de la abundancia.

 

El gobierno paga, y paga bien, a quienes le sirven. Los textoservidores a ello atendiendo privilegian como información objetiva, veraz y oportuna lo que se dicta desde palacio y, en ello sustentan su quehacer profesional. Luego pretender formarse una opinión y expresarla en blanco y negro, parte necesariamente de lo que a la prensa le interesa difundir, no le pagan para que pegue al que paga.

 

Y a ello hombres y mujeres de a pie, debemos atenernos frente a una prensa estatal que, salvo contadas y dignas excepciones, excluye a la incipiente ciudadanía del acceso a una información que le permita ubicarse en los terrenos de la comprensión de la realidad y, con talante crítico, juzgar y calificarla a la luz del desempeño de quienes detentan el poder fáctico o ejercen el poder político formal.

 

Lo que nos coloca en una situación de ignorantes funcionales, incapaces de diferenciar lo que conviene o no al conjunto de la sociedad. Como tales, o dejamos pasar dejamos hacer, manteniéndonos al margen haciendo gala de indiferencia y valemadrismo, o expresamos nuestro sentir de manera fragmentada, fuera de contexto, pesando más las vísceras que la razón en el deseo y voluntad de participar en lo que a todos debería interesar.

 

Romper con este marco que nos ata a la manipulación y el engaño oficial, no resulta por tanto facil ni necesariamente es lo políticamente lo correcto El escudriñar en las entrañas del tejemaneje del poder y sus secuencias en la vida social, económica y política pasa por la información disponible y cuando ésta es limitada o manipulada y maquillada, ello es prácticamente o imposible o proclive a al retorno al punto de partida, subjetividad y lugar común atendiendo al interés de los círculos de poder, terminando por seguir el juego de decir lo que el gobernante quiere escuchar.

 

Sin embargo, la realidad necia al fin, encuentra los caminos para hacerse notar y pesar. Números duros del gobierno federal y avatares de la vida cotidiana de los veracruzanos, entrelazados, pintan un paisaje que no se puede ignorar por aquellos que no quieren ignorar las vicisitudes de su entorno.

 

A estos últimos el Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa les dice que “…se equivocan, y así está demostrado, apostándole a la diatriba, al encono y a la división en su intento por vincularse o generar empatía con la sociedad”. Mensaje con dedicatoria sin duda al enemigo jurado de Fidel Herrera Beltrán y del duartismo, pero que también se interpreta o debería interpretarse como un señalamiento a quienes apartándose del pensamiento único, no dudan en cuestionar o criticar aquello que en su percepción merece ser revisado, corregido o cambiado en el quehacer gubernamental.

 

Diatriba porque al Sr. Dr., le parece ofensiva la crítica; encono por inadversión a un gobierno fallido; división por apartándose de la verdad oficial se difunde entre la población la idea de rechazo a un mal gobierno, polarizándole. Cuando lo ideal para el gobernante sería el contar con la unidad de la gran familia veracruzana en torno a su ineptitud, miopía política y trivial desempeño.

 

Más en este momento en que ya se velan armas ante la inminente contienda electoral del 2015.

 

El Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa queriendo salvar el pellejo ofreciendo a Los Pinos resultados exitosos para su partido y afín morralla acompañante que aseguren mayoría en la cámara baja del Congreso de la Unión, llama a los veracruzanos a fundir aceite y agua en el crisol de la simulación y la mentira, no sin antes excluir a los enemigos de Veracruz, los que le ofenden criticándole, los que propician encono y división. A los que dudando y cuestionando la verdad oficial, se atreven a apartarse de lo que al gobernante le gusta escuchar.

 

La realidad es una, con diversas aristas atendiendo al contexto. Si la realidad nacional es ominosa, en el contexto de nuestra aldea el desastre ya no sólo es eminente, números duros, fríos como el acero, lo confirman como vigente. El destacado investigador veracruzano Hilario Barcelata Chávez, con los pelos en la mano nos dice que la economía veracruzana se derrumba arrastrando calidad de vida de la población y expectativas de inclusión laboral y de progreso para las nuevas generaciones.

 

La política no es ajena a esta debacle, su crisis tocó fondo y, con ello, el PRI manifiesta su respaldo al Sr. Dr. Javier Duarte de Ochoa cuando, lo que la lógica indica, es que el gobernante respalde a su partido.

 

Por algo será, la cúpula priísta percibe que el principal opositor a combatir en las urnas, es la percepción popular del gobierno fallido del duartismo, en tanto que el Sr. Dr., percibe que su última carta frente a Peña Nieto, es que el PRI y sus satélites tomen las riendas para sacar al buey de la barranca en un escenario electoral adverso.

 

Para la percepción popular, ni uno ni otro ofrecen garantías que pongan a salvo a Veracruz del desastre.

 

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