Por Alejandro Soto Domínguez

29 de agosto del 2014

 

  • Silencio vergonzoso de los líderes obreros ante las discusiones del poder adquisitivo de los salarios mínimos.
  • Los salarios mínimos actuales violentan el precepto constitucional señalado en el artículo 123, apartado VI, segundo párrafo. Hasta la fecha es letra muerta.
  • Los ingresos del trabajador veracruzano perdieron un 30.3 por ciento en el periodo de tiempo 2005 a junio de 2014.

 

En las últimas colaboraciones hemos abordado el Programa Sectorial de Trabajo y Previsión Social, derivado de la importancia del tema laboral y la atención dedicada por los medios nacionales y plumas de reconocida solvencia intelectual, por los temas que abordó el Foro Internacional sobre Salarios Mínimos (SM), Empleo, Desigualdad y Crecimiento Económico, organizado por Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, celebrado los días 5 y 6 de agosto del presente año. Dicho Foro permitió que Alfonso Navarrete Prida, Secretario del Trabajo y Previsión Social (STPS) y Agustín Carstens, Gobernador del Banco de México, enseñaran el cobre. De manera enfática se opusieron a los incrementos de los SM. El mismo pretexto de siempre: los aumentos a los SM son inflacionarios. Claro el crecimiento de la productividad es para los empresarios, que se joda el trabajador ante el silencio vergonzoso de los líderes obreros. Parece que los estudiantes y funcionarios del DF, están más preocupados por la clase trabajadora, que estos parásitos llamados representantes sindicales. Pero el miedo no anda en burro, la STPS les puede negar la Toma de Nota, y perder la titularidad de un sindicato y sus prebendas correspondientes. Calladitos se ven más bonitos.

 

También comentamos que el Programa en comento, no abordó el tema central de la problemática laboral: las remuneraciones de la mano de obra y citamos los estudios del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM y de la Cepal que recomiendan respetivamente, entre tres y dos SM para adquirir la canasta básica y respetar el mandato de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que en el artículo 123, apartado VI, segundo párrafo a la letra dice: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”. Pero como hemos padecido gobiernos pro-empresariales desde los años 70, este precepto constitucional ha sido letra muerta. Sin embargo el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), órgano autónomo del gobierno federal, a cargo por ley, entre otras facultades, de la medición de la pobreza, también se ha referido a la pérdida del poder adquisitivo del trabajador por medio de diferentes documentos, pero el principal es el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) para conocer cada trimestre la tendencia del poder adquisitivo del ingreso laboral a nivel nacional y para cada una de las entidades federativas.

 

En el cuadro del documento antes citado denominado “Ingreso laboral per cápita a pesos corrientes (nominal), a pesos constantes (real) y deflactado con el índice de precios de la canasta alimentaria (LBM) primer trimestre de 2005 al segundo trimestre de 2014”, podemos realizar el análisis que corresponde al estado de Veracruz: en el primer trimestre de 2005 el ingreso laboral real promedio por persona al mes fue de mil 771.26 pesos; en el segundo trimestre de 2014 fue de mil 233.92 pesos, esta conclusión fue con el ajuste del valor de la canasta alimentaria, misma que fue mayor a la inflación general, en el segmento de tiempo que realiza Coneval. En palabras simples, los ingresos del trabajador veracruzano perdieron un 30.3 por ciento. En el ámbito nacional la pérdida fue del 24.1 por ciento. Conclusión, los ingresos laborales del trabajador veracruzano han perdido mayor poder adquisitivo en relación con el valor de la canasta alimentaria, incluso mayor que la nacional. Como siempre Veracruz rezagado respecto al resto de las entidades federativas.

 

No conforme con lo anterior, la pinza se cierra con la pérdida neta de ocupación y empleo, además del crecimiento de plazas con bajos salarios y la disminución de los bien remunerados en los últimos tres años y medio. Una verdadera calamidad, la sensatez sugiere moderar las declaraciones triunfalistas. La terca realidad se impone con cifras oficiales irrebatibles.