Por Aurelio Contreras Moreno

26 de Septiembre del 2014

 

De qué tamaño debe ser el temor a que el “efecto Colorado” hunda a buena parte de la alta clase política veracruzana, que el tema es una brasa ardiente que nadie quiere que le pongan en las manos.

Qué tan fuertes pueden ser las repercusiones de que se lleguen a probar nexos con el empresario preso en Texas por lavado de dinero del narcotráfico, que el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán abandonó el bajo perfil mediático que mantenía y concedió una entrevista al periodista Ciro Gómez Leyva en vivo en su noticiario radiofónico matutino para deslindarse de Colorado Cessa, en respuesta a los señalamientos que un día antes hizo en ese mismo espacio Miguel Ángel Yunes Linares, quien a su vez, de paso, también se desmarcó de vínculos con el “innombrable” veracruzano.

Sin embargo, más allá del intercambio de diatribas entre estos personajes de la picaresca jarocha, en torno de quienes gira la política veracruzana de los últimos 15 años a través del odio personal que ambos se profesan, lo que queda de manifiesto es que toda la clase política de este estado, en mayor o menor medida, ha tenido que ver con el polémico Colorado o con su familia.

Como lo mencionamos en esta columna hace unos días, desde el inicio mismo de su sexenio, Herrera Beltrán ha sido vinculado con “Pancho” Colorado. No es ni siquiera una novedad. Sólo que ahora que el ex contratista de Pemex y aficionado a los caballos pura sangre ha sido condenado en una Corte norteamericana a 20 años de prisión, el agua le llegó hasta al cuello a todos los políticos que, directamente o indirectamente, recibieron “apoyos” del antes adorado y hoy defenestrado hombre de “negocios”.

Miguel Ángel Yunes ya aceptó –y no podría no hacerlo, porque fue público- que apoyó la candidatura por el PAN a una diputación federal de Miguel Colorado Cessa, hermano de Francisco, y quien antes ya la había buscado como abanderado del PRD. Y aun cuando las responsabilidades legales no son imputables por vía consanguínea, el vínculo existe.

El mismo gobernador Javier Duarte no puede negar que conoce a Francisco Colorado, tanto por las mismas declaraciones de éste admitiendo que apoyó su campaña a la gubernatura, aunque sea con su “confianza” y su “voto”, como por las fotografías en las que aparecen juntos durante el periplo de 2010 y que circulan profusamente por la red.

Incluso, el hermano de un alto funcionario de la actual administración estatal que tiene la pretensión de suceder a Javier Duarte en la gubernatura funge, hasta la fecha, como apoderado legal de la empresa ADT Servicios, propiedad de Colorado, que fue la gran contratista de Pemex durante el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa. ¿Eso lo hace un delincuente? Ciertamente no. Pero sí echa abajo el discurso de que nadie conoce a este hombre.

Si Francisco Colorado apoyó con recursos materiales y económicos las campañas a la gubernatura de Herrera y Duarte sería algo que tendría que investigar la Procuraduría General de la República y deslindar responsabilidades si hubiera dinero del narcotráfico involucrado. Mientras tanto, todo se queda al nivel de la acusación y el round político-mediático con que estos personajes nos “deleitan” desde hace varios años.

Pero de que todos están adentro, lo están.

 

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