Inglaterra y Escocia mantienen el alma en un hilo en la medida que se aproxima el 18 de septiembre, día en el que comprobarán si Escocia vota por la separación o se mantiene unida a la Gran Bretaña. Hace una semana la tendencia aseguraba un voto mayoritario para los partidarios de la separación, pero en una semana cambió dramáticamente esa tendencia, que ahora favorece a los unionistas. Quienes conocen de este proceso piensan que los escoceses están pensándolo bien por los intereses económicos en juego que se verían afectados si la declaración es separatista.