Por Aurelio Contreras Moreno

3 de Septiembre del 2014

 

Cada vez que pensamos que ya lo hemos visto todo en Veracruz, que no podemos caer más bajo en materia de procuración e impartición de justicia, nuestras autoridades se esfuerzan denodadamente por demostrarnos que siempre pueden hacer las cosas mucho peor.

Este 2 de septiembre, en el Juzgado Noveno de Distrito con sede en Coatzacoalcos se concedió un amparo a los presuntos asesinos intelectual y materiales del reportero Gregorio Jiménez de la Cruz, ejecutado en febrero pasado y cuyo cuerpo fue encontrado en una fosa clandestina en Las Choapas unos días después de haber sido plagiado.

De acuerdo con el amparo 215/2014, se acreditó que los presuntos victimarios de Goyo Jiménez se declararon culpables del crimen luego de que elementos de la Policía Ministerial del Estado los torturaron para “sacarles la confesión”, por lo que un juez federal determinó que se desechen las pruebas periciales y las declaraciones de los indiciados, y que el juzgado revise la investigación, lo que significa, en términos llanos, que tienen un pie fuera de la cárcel.

Esta situación nos remite irremediablemente al caso de Regina Martínez, cuyo supuesto asesino y único detenido por su homicidio, Jorge Antonio Hernández Silva, también fue puesto en libertad por el Poder Judicial estatal, al haber sido torturado por la Policía Ministerial para declararse culpable del asesinato de la periodista. Y aunque meses después se ordenó su reaprehensión, sigue libre y el crimen en total impunidad.

Todo indica que el asesinato de Goyo Jiménez va por la misma ruta, y lo peor es que, a diferencia del de Regina, en su caso sí hay indicios que probarían la culpabilidad de los indiciados, pero por la brutalidad con que actúan las corporaciones policíacas y la supina ineficacia con que integra sus expedientes el Ministerio Público, los presuntos homicidas están a punto de recuperar su libertad y de que, otra vez, la impunidad sea la nota dominante en un crimen cometido contra un periodista en el estado de Veracruz.

¿De qué se trata, señor procurador Luis Ángel Bravo Contreras? ¿No le parece que ya es demasiado? Tanta ineficacia en casos de agresiones a periodistas, que terminan en que nadie paga por los crímenes cometidos en su contra, resulta ya hasta sospechosa. Sobre todo porque cuando se trata de lo contrario, de “aplicar la ley” a los periodistas críticos que se ven envueltos en problemas legales, ahí sí el Ministerio Público es no sólo cuidadoso de las formas y los términos en los que consigna los casos ante los jueces, sino que es “implacable” con quienes considera son sus “enemigos” y hace todo lo posible, y hasta lo que legalmente debería ser imposible, para tenerlos encerrados. Para mayor ejemplo, el caso de María Josefina Gamboa Torales.

¿Existe tal nivel de torpeza en la Procuraduría General de Justicia del Estado? Creemos que no, que hay en la Fiscalía estatal gente preparada y conocedora de la ley que no cometería errores en los que ni un estudiante de primer semestre de Derecho incurriría.

Lo que sí creemos que existe en la Procuraduría, y en general en todo el Gobierno del Estado de Veracruz, es una gigantesca inquina en contra de los integrantes del gremio periodístico, lo que se hace patente en casos como éste, en el que por no cuidar que se cumpla con el debido proceso para castigar un delito, se termina por prohijar la ilegalidad, el amparo a delincuentes y la más absoluta y dolorosa ausencia de justicia.

Y si esto no es así, demuéstrennoslo.

 

Solidaridad con Ignacio Domínguez

Por si no fuera ya de terror el clima de intimidación contra los periodistas en Veracruz, la madrugada de este martes 2 de septiembre fue tiroteado el domicilio particular del periodista Ignacio Domínguez, director de la publicación semanal Tinta Verde, dedicada a los temas agropecuarios.

El veterano periodista asegura no tener enemigos ni idea de quién sea el responsable de la agresión, que además le dejó a la puerta de su casa, en una de las principales avenidas de Xalapa, capital de Veracruz, un mensaje intimidatorio clavado en la cabeza de un cerdo.

Expreso mi condena a este nuevo embate contra un compañero del medio, así como mi solidaridad con él y la exigencia de que la autoridad proteja su integridad y la de su familia.

Que luego no digan que no sabían que estaba en peligro.

 

Email: aureliocontreras@nullgmail.com

Twitter: @yeyocontreras