Columna de greguerías del escribidor alejandro hernández lópez

23 de Septiembre del 2014

 

Graciosamente asienta con la cabeza, chasquea los limpios dedos ordenando al asistente: “¡Que impriman 1500 ejemplares!”. Jugando oficialmente y con recursos públicos a la ideal editora fresca y serena, perfectamente peinada. Todo en un mundo de fantasía que involucra al alcalde. Así brotó la cuarta edición del libro “Los sonidos del agua y la arena” desde la Unidad de Ediciones, Publicaciones y Fomento a la Lectura del Ayuntamiento de Xalapa, presentado pomposamente hace unos días en el palacio.

 

Un libro colectivo de historias, cuentos y leyendas de Xalapa, donde participan Alberto Espejo, Jorge Lobillo, otros. Un libro con hartos errores atribuibles únicamente al descuido y la falta de oficio de un pobre e improvisado equipo editorial que encabeza el ausente académico de sus oficinas en el callejón de Rojas.

 

Un equipo que hace patente lo dicho por aquel maestro: “abunda el editor mercenario, ése al que los únicos puntos y comas que le interesan son los que separan las cifras en los cheques”… Un equipo que encabezará los inteligentes, hartos y bastantes esfuerzos del gobierno municipal por promover intensamente la lectura.

 

Un equipo para sumarse a una propuesta que en México nació con Vasconcelos y que continúa arduamente hasta hoy, con nulos resultados: NO LEEMOS, digo, también creo que resulta ingenuo atribuir esto a una causa única: La pobreza y/o la televisión, se trata sin duda de un fenómeno más complejo.

 

“Los sonidos del agua y la arena” muestra aquella Xalapa, la de los callejones intrincados de misterio. Con el –dice el alcalde en su prólogo: “De esta manera queremos consolidar, poco a poco, nuestro proyecto editorial y nuestro programa de fomento a la lectura”. Al asomarse uno a las páginas de este libro también se abre una ventana que mira al pasado y en contraparte ofrece la posibilidad de pensar en el tiempo presente y en el futuro, es una ventana para mirar de cerca y de lejos, pero tiene –en lo agregado a esta flamante edición- una ortografía lograda a trompicones…

 

El alcalde insiste, le hace una encomienda a su personaje clavado en el estridentismo: “como política pública (debes) consolidar algunos proyectos sobre la memoria antigua y contemporánea de la ciudad para promover el gusto por la lectura”…

 

Gusto que el alcalde no tiene ni por asomo, hábito ausente en su haber. En el año 2012, compartimos la mesa de presentación del libro “Pensamientos y cartas de amor sobre primaveras, lunas y estrellas” de la editorial faunaurbana en el Auditorio “Sebastián Lerdo de Tejada” del Palacio Legislativo. Aún no era candidato y menos había resultado electo como alcalde de la ciudad de Xalapa. Ese día demostró que no es lector, que no leyó ninguno de los poemas del libro y -por ello- en la mesa salieron de su boca palabras que quedaron sueltas, regadas por allí, sin ton ni son. Quizás también por analfabeta compra cualquier improvisado equipo que cree que porque hay martillos, clavos, serrucho y cola, ya todos somos carpinteros.

 

En México no es extraño que un diputado sea analfabeta funcional o que no tenga como hábito la lectura, aunque resulte hartamente grave para el Estado y tenga consecuencias en la población. Como también es grave tener a un alcalde –como Américo, el hijo del profesor- sin la mínima idea del por qué es necesario leer, pues en consecuencia le resulta complicado saber en quien apoyarse para no ser defraudado como hasta ahora ha resultado en la promoción de la lectura con el encanto académico de su flamante equipo con el viejo Julio.

 

También existen editores serios que gestan y crean, hacen surgir de la nada, los libros que van ir a dar un día de manera planeada y como un feliz encuentro en tus manos, en las manos de los chiquillos y jóvenes lectores de Xalapa, Veracruz, México y el mundo.

 

Hacer un libro y hacer que se lea es una tarea cercana a la virtud. Ser editor es practicar deporte extremo… Por ese triunfo de la esperanza sobre la experiencia, es que seguimos todos en este oficio de loco, ingrato y seductor. También por ello resulta interesante saber cuánto fue el monto económico gastado en este primer intento, con bastante déficit ortográfico.