El Zócalo de la ciudad de México es una plaza pública que lo mismo se usa para tender manteados, hacer fogatas, situar baños públicos portátiles, inventar pistas de hielo, colocar pinos de navidad gigantes, hacer concentraciones humanas tumultuarias, o bien, como ayer, para convertirlo en un enorme estacionamiento público. De esto último lo que realmente llama la atención es lo novedoso del caso, no para rasgarse las vestiduras reclamando por qué lo hicieron. A propósito ¿Por qué lo autorizó el gobierno? Pues simplemente porque lo puede hacer, ¿Qué acaso no estamos ya en un México nuevo y el nuevo Quetzalcóatl, quien todo lo puede, nos está guiando hacia el futuro promisorio? Desafortunadamente, más del 50% de la población de este país sigue viviendo en pobreza, y dentro de entre ese porcentaje un gran segmento sobrevive en pobreza extrema; es decir estamos como en 1994, cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio, porque entonces presumimos que entrabamos “a las grandes ligas”, pero ahora es mejor, porque entramos a un “México Nuevo”.