Por Aurelio Contreras Moreno

4 de Septiembre del 2014

 

Cada día es más clara la influencia que tiene o el miedo que causa el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán dentro del gobierno de la “prosperidad” jarocha.

Hace unos días se difundió –muy discretamente, por supuesto– que la Secretaría de Finanzas y Planeación se desistió del procedimiento de expropiación sobre bienes propiedad de la empresa Finamed, misma que rentaba equipo médico a la Secretaría de Salud desde el sexenio anterior.

Dicho desistimiento fue promovido por el secretario de Salud del estado, Juan Antonio Nemi Dib, el mismo que en abril de 2013 solicitó la expropiación, luego de rescindir el contrato que el Gobierno del Estado tenía con Finamed, alegando incumplimiento de sus términos por parte de la empresa.

En 2009, en el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, el Congreso del Estado autorizó que el gobierno signara un contrato con Finamed a doce años por un monto de cinco mil millones de pesos para la prestación de sus servicios, que incluyen la renta de equipo especializado en cirugía cardiovascular y hemodinamia, quirófano, imaginología y hemodiálisis, negociación que desde ese entonces fue señalada como irregular.

Al llegar a la Secretaría de Salud en marzo de 2013, una de las primeras acciones de Juan Antonio Nemi ante el cochinero que se encontró fue reclamar a Finamed el cumplimiento de lo acordado en el contrato, pues de acuerdo con el funcionario, el equipo no trabajaba adecuadamente y en algunos hospitales del estado ni siquiera había sido instalado, a pesar de que se reportaba lo contrario.

Como no logró un entendimiento con la empresa, Nemi rescindió el contrato y promovió la expropiación del equipo de Finamed “para satisfacer y conservar un servicio público, en cumplimiento al Derecho Humano a la Protección de la Salud de los habitantes del Estado de Veracruz”.

Finamed respondió y acusó a Nemi Dib de cometer “actos arbitrarios y de hostigamiento” en su contra y promovió amparos contra la expropiación del equipo y contra la rescisión del contrato, al tiempo que reclamó el pago de “los procedimientos facturados” por todos los meses que el Gobierno dejó de cubrirlos, y que en el último “corte” rondaban los mil millones de pesos, cantidad que el Secretario de Salud se negó a reconocer como válida.

En noviembre de 2013, la justicia federal concedió un amparo a Finamed contra la expropiación de sus bienes, toda vez que determinó que “el Director del Patrimonio del Estado de Veracruz y la Secretaría de Finanzas y Planeación violaron la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos por dejar inconcluso el proceso legal a través del cual se pretende expropiar el equipo médico de la empresa, que fue instalado en 11 hospitales como parte del contrato de servicios complementarios de salud firmado en enero de 2009 con la Secretaría de Salud del Estado de Veracruz”.

Y probablemente fue tras ese revés que obligaron a Juan Antonio Nemi Dib a dar marcha atrás. El 8 de enero de este año, en su carácter de secretario de Salud y director general de Servicios de Salud de Veracruz, presentó un escrito de expresión de desistimiento, disponiendo su ratificación para que produjera efectos jurídicos. El 13 de enero lo ratificó ante la Dirección General del Patrimonio del Estado, fechado el 19 de diciembre de 2013. El desistimiento fue concretado y signado por el entonces secretario de Finanzas y Planeación, Fernando Charleston Hernández.

Aún queda pendiente de resolver el Juicio Ordinario Mercantil número 12512013, del índice del Juzgado Segundo de Distrito en el Estado, en el que se exige al Gobierno del Estado el pago de los “servicios prestados” desde que la administración estatal dejó de retribuirlos. De fallar la justicia en favor de Finamed, el estado se vería en un serio problema, pues a sus problemas financieros su sumaría una deuda más, a todas luces incosteable.

Y usted se preguntará, ¿qué tiene que ver el caso Finamed con lo que mencionamos en el primer párrafo de esta entrega? Pues que esta empresa está ligada a la familia del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán, concretamente a su esposa Rosa Borunda y a sus hijos.

De ahí el miedo a seguir con el pleito y la decisión de obligar a Nemi Dib a echarse para atrás.

 

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