Por Aurelio Contreras Moreno

23 de Septiembre del 2014

 

“La democracia está sobrevalorada”

Francis Underwood. House of cards

Además de monopolizar los caminos para el acceso al poder, el sistema de partidos políticos en México es un pozo sin fondo, un hoyo negro en el que se derrochan los recursos públicos de manera desmesurada, sin que lo que se gasta en ellos sea verdaderamente útil ni mejore la calidad de la democracia en el país.

La mexicana es una de las democracias más caras del mundo, tanto por lo que cuesta en términos financieros como por sus pobres resultados en materia de equidad política y representación popular.

Y es que a pesar de la enorme serie de candados para evitar las trampas electorales, mismos que encarecen enormemente el costo de los procesos electorales, éstas siguen siendo la clave que hace la diferencia entre ganar o perder unos comicios en México, lo que desvirtúa y deforma el sentido de la representación popular que supuestamente tienen los gobernantes y legisladores.

Precisamente esa característica es la que propicia que los políticos, una vez que acceden al poder, se desentiendan del sentir y de los intereses de la población, pues saben que llegaron a su cargo gracias a las chapucerías electorales y no mediante el voto libre de la gente. El que gasta más en campaña, el que acarrea más gente durante la jornada electoral, el que compra más voluntades, es el que se alza con la victoria. Los sufragios, terminan siendo lo de menos.

Sin embargo, el actual sistema de partidos resulta muy conveniente para éstos. Reciben dinero público a manos llenas y lo gastan sin demasiados requisitos para comprobar su destino. Los partidos son espléndidos negocios para los dueños de sus franquicias, aunque no representen nada más que a sí mismos.

Vea usted si no es verdad lo anterior. En Veracruz, el órgano electoral local acordó pedir al Congreso del Estado un presupuesto total de 434 millones 425 mil 726 pesos para ejercer durante 2015, de los cuales 259 millones 864 mil 740 pesos, más de la mitad, se destinarán al financiamiento de los partidos políticos.

De acuerdo con este presupuesto, el PRI recibirá con 74 millones 266 mil 427 pesos; el PAN, 54 millones 897 mil 27; el PRD, 26 millones 696 mil 63; Movimiento Ciudadano, 18 millones 801 mil 770; Nueva Alianza, 11 millones 811 mil 143; el PT, 13 millones 311 mil 570; el Verde Ecologista, 12 millones 407 mil 904; Alternativa Veracruzana, 18 millones 699 mil 468; el Cardenista, 12 millones 152 mil 149; mientras que Morena, Humanista y Encuentro Social, los partidos de más reciente creación, recibirán cada uno cuatro millones 906 mil 989 pesos.

Lo interesante es que el año entrante no habrá ningún proceso electoral local en el estado de Veracruz. Aquí sólo se celebrarán las elecciones federales intermedias, cuyas prerrogativas se manejan a nivel central. La disposición de recursos financieros antes descrita es para que las dirigencias estatales de los partidos “promuevan la cultura democrática” y financien su gasto corriente.

O lo que es lo mismo, es dinero tirado a la basura, para mantener parásitos como el partido Cardenista, que usa los recursos de los contribuyentes para bloquear calles, invadir predios y chantajear al gobierno estatal y que éste, a su vez, le dé aún más dinero a su líder, un “Frankenstein” creado por ellos mismos.

Si de los partidos y los procesos electorales emergieran verdaderos dirigentes sociales comprometidos con la justicia, la equidad y la igualdad de oportunidades para la población, nadie se quejaría del gasto en los partidos políticos, por alto que fuese. Pero con la clase de sátrapas que por esta vía llegan a gobernar estados, municipios y al país entero, no hay dinero que se justifique en ellos. Y tampoco que a éstos les alcance.

Citando a un clásico cuenqueño, “no tienen llenadera”. Ni vergüenza.

 

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