Por Miguel Angel Cristiani Glez.
4 de Septiembre del 2014
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Durante los últimos sexenios federales, los programas de combate a la pobreza, solamente han cambiado de nombre, pero lo cierto es que sus resultados también han sido muy pobres, lo que hace que más de la mitad de la población en nuestro país, se encuentre en condiciones de miseria.
Hasta ahora los programas de las últimas cinco administraciones federales, desde 1988 hasta 2014 han cambiado de nombre en cuatro ocasiones, pero pareciera que es una política de gatopardismo, en donde todo cambia, para quedar igual.
De acuerdo con cifras estadísticas, en 1992 el 53.1% de la población mexicana vivía en situación de pobreza patrimonial, pero diez años después, gracias a los programas contra la pobreza, se disminuyó uno por ciento, es decir que en la última medición eran 52.3%.
Es decir, que somos un país de pobres.
Que en veinte años de programas contra la miseria, apenas se logró disminuir uno por ciento.
Los programas de Solidaridad, estrategia anunciada durante la administración federal de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994); pasando por Progresa, presentado en la gestión de Ernesto Zedillo (1994-2000), y Oportunidades, implementado en el gobierno del panista Vicente Fox (2000-2006) y continuado por su correligionario Felipe Calderón (2006-2012), ahora el principal programa gubernamental para abatir la pobreza se llamará Prospera en lo que resta del sexenio.
Vale la pena tener en cuenta lo anterior, ahora que nuevamente, el presidente de la república en turno, Enrique Peña Nieto acaba de dar a conocer en su segundo informe de gobierno, que el programa de combate a la pobreza que hasta ahora se llamaba Oportunidades cambiará su denominación por el de Prospera.
Habrá que darle el favor de la duda, de hasta donde lo que ahora se anuncia como programa insignia de la lucha contra la pobreza, logra los resultados esperados y no se trata nada más de cambiar de nombre, que se identifique con una administración de un presidente, sino ver hasta donde contiene efectivos componentes que puedan mejorar las condiciones de producción y de vida de quienes ahora viven en la pobreza.
Resulta preocupante si realmente es un cambio de nombre y forma parte de un diagnóstico detallado de la situación y debilidades del programa anterior; o si es, más bien, un intento por desvincularse de los programas anteriores y generar una nueva marca política.
Hasta ahora, el programa de Oportunidades, ha sido un programa efectivo, pero para los funcionarios públicos, que tienen a su cargo el manejo de esos recursos, los manejen de manera discrecional, apoyando a quienes forman parte de una estructura partidista, ya sean igual panistas o priistas.
Uno de los secretos mayormente guardados y que pese a los anuncios de que se harán públicos hasta el momento no se han hecho públicos, son los padrones de beneficiados con esos programas, que poco hacen para combatir la pobreza, pero que mucho sirven para organizar estructuras de apoyo al voto de candidatos.
No es casualidad, el hecho de que de las dependencias encargadas de repartir esos recursos, en el que se invierten anualmente cerca de 73,000 millones de pesos salgan candidatos a diputados federales, presidentes municipales o senadores, luego de que han estado “trabajando arduamente” para repartir esos recursos que más que combatir la pobreza, sirven para incrementar la riqueza, pero electoral.
Lamentablemente, los especialistas han advertido ya que los cambios anunciados, más allá del cambio de Oportunidades a Prospera, podrían no ser fundamentales, para lograr cambiar el rumbo y los resultados obtenidos hasta ahora en la política social del gobierno federal.
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