Por Alfredo Bielma V.

11 de Septiembre del 2014

 

Se ha iniciado el ciclo de comparecencias de secretarios de despacho del gobierno federal ante la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, quien inauguró la ronda fue el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, la cerrará seguramente el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Desde el enfoque de un trasnochado futurismo pudiéramos inferir que estos secretarios son dos de los punteros para la selección del candidato del PRI a fines de 2017, no significa sin embargo que sean los únicos o que algunos de ellos necesariamente vaya a ser el candidato, es solo un pronóstico de probabilidades cuando el gobierno de Peña Nieto está concluyendo el segundo año de su gestión y se apresta para iniciar el tercero, la mitad del sexenio.

Cuando fue la sucesión del presidente Adolfo López Mateos, se enlistó entre los probables candidatos al Secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, aunque los finalistas fuertes eran el Secretario de la Presidencia, Donato Miranda Fonseca y el de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, quien resultó el ganador. Cuando a Díaz Ordaz le tocó decidir quién lo sucedería, otra vez Ortiz Mena, de Hacienda, volvió a figurar, esta vez con más fuerza, pero el poblano se decidió por el de Gobernación, Luis Echeverría, quien se convirtió en el cuarto Secretario de Gobernación que accedía al cargo número uno de México en tiempos de la hegemonía priista, el primero fue Miguel Alemán Valdés, en 1946 y que en su sucesión seleccionó a don Adolfo Ruiz Cortines, también de Gobernación.

El último presidente salido de Gobernación fue Echeverría, pero, excepto José López Portillo, nadie más ha salido de la Secretaría de Hacienda. Tema toral en la sucesión de López Portillo fue decidir la sucesión conforme las circunstancias lo determinaran. David Ibarra, que era el Secretario de Hacienda de López Portillo, no embonaba en el discurso triunfalista de este porque, pesimista bien enterado, le susurraba que la economía iba a pique, en cambio, Miguel de la Madrid, de Programación y Presupuesto, pintaba todo color de rosa; a pesar de que quien tenía razón era Ibarra, el escogido fue precisamente Miguel de la Madrid, tarde comprobó López Portillo la veracidad de las cuentas que el de Hacienda le presentaba.

Desde que se creó la Secretaría de Programación y Presupuesto se generó una rivalidad entre los titulares de ésta, que programaba el gasto, y de Hacienda que conseguía para que aquella gastara. Ese diferendo lo sufrió el presidente López Portillo cuando dos de sus mejores cartas, Tello en Programación y Moctezuma Cid en Hacienda, no se pusieron de acuerdo, entonces el presidente se vio en la penosa necesidad de renunciar a los dos, la bolita en Programación rodó hasta que llegó De la Madrid para desde allí enfilarse a la Presidencia de la República. Seis años después don Miguel se decidió a favor del también Secretario de Programación, Carlos Salinas de Gortari, quien dejó atrás a Manuel Bartlett, el Secretario de Gobernación que también aspiraba.

Ahora, el presidente Peña Nieto va a iniciar su tercer año de gobierno, conformó un equipo de colaboradores entre los que destacan políticos con sobrada experiencia y que empujaron la rueda para hacerlo Presidente de la República, primero, y para sacar adelante un paquete de reformas constitucionales que marcan un hito en la historia legislativa de este país. Tiene a seis ex gobernadores entre sus principales colaboradores: Emilio Chuayffet, César Camacho (Edo. de México), Enrique Martínez (Coahuila), Pedro Joaquín Coldwell (Quintana Roo), Miguel Osorio Chong, Jesús Murillo Karam (Hidalgo) y el propio Peña Nieto han sido gobernadores. Sin duda un equipo pesado de gente que sabe lo que está haciendo y explica mucho de lo acontecido hasta ahora. Materia sucesoria abunda, pero casi siempre los presidentes priistas han optado más que por coetáneos, por generaciones más jóvenes (Miguel Alemán fue obligado por las circunstancias a decidir por Ruiz Cortines).

En esas estamos. Ya no tiene el Secretario de Hacienda a quien dentro de su normativa económica le haga contrapeso, excepto, claro, el Director del Banco de México, que para efectos de la sucesión no participa. Desaparecida la Secretaría de programación y Presupuesto, Hacienda, planifica, programa y ejecuta el gasto, eso la convierte en una súper Secretaría, de elevado protagonismo en todos sentidos. Mucha agua tiene que correr bajo el puente para que sepamos lo que ocurrirá en 2017 cuando Peña Nieto vaya a discurrir su sucesión, pero en términos generales la disyuntiva que se planteaba López Portillo sigue vigente: si el problema es económico, Hacienda (Programación), si es de carácter político y de seguridad, gobernación (en aquel entonces personificaba esa opción Javier García Paniagua, que estaba en el PRI).

Por el momento, los Secretarios de Hacienda y de Gobernación andan como alma en pena, Videgaray porque la economía aún no carbura, Osorio Chong, porque la inseguridad no cede un palmo. Los dos tienen en su haber el capital que les dejó el intenso cabildeo para concretar las reformas, pero eso se va quedando en el pasado porque ahora importa lo que viene. La cuenta empieza de aquí para adelante: si se concreta el aterrizaje de las reformas en el plano de una consolidación económica, y si se logra disminuir auténticamente los índices delictivos, ambos estarán vigentes en los tiempos de la sucesión.

De cualquier manera, nada está escrito y de acuerdo a la experiencia histórica de las sucesiones al final los presidentes no deciden por la carta que originalmente hubieran pensado sino por las que las circunstancias acomoden: Cárdenas pensó en un principio en Múgica pero el escogido fue Ávila Camacho. Alemán en Ramos Millán, que murió antes del tiempo sucesorio, después pensó en Casas Alemán pero le hicieron fuchi y decidió al final por Ruiz Cortines. Don Adolfo escogió al final a López Mateos. Díaz Ordaz pensó en Martínez Domínguez, su Secretario de la Presidencia, pero el movimiento del 68 cambio todo y optó por Echeverría. Este tuvo en Moya Palencia un gran Secretario de Gobernación pero manejó todo para que su amigo universitario, José López Portillo, lo sucediera. López Portillo originalmente pensó en Tello y Moctezuma y hasta en Pedro Ojeda Paullada, mucho antes que en De la Madrid.

Quizá el presidente De la Madrid tuvo en Salinas un favorito desde el principio, aunque Manuel Bartlett, su Secretario de Gobernación, era el experto en política, sólo que la genética profesional del presidente era de estirpe económica y decidió por Salinas. Este último formó a Colosio, lo encaminó hacia la candidatura para a través suyo cumplir el proyecto transexenal de 24 años en el poder, la muerte del sonorense trastornó esos designios y al decidir por Zedillo cavó también la tumba de su proyecto.

Hasta aquí llega la ciencia, si Videgaray y Osorio Chong serán las únicas cartas de Peña Nieto eso ya cae en el cantar de pitonisas.

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