Por Martín Quitano Martínez

08 de Septiembre del 2014

 

Me hago el honor de resignarme / solo esta noche / como descanso

mañana temprano abriré los ojos / seré otra vez valiente y ordinario

rebelde con las manos en los bolsillos / eterno con la muerte en el ojal

solo esta noche que no hay luna

creerme que voy / creerme que vengo

creer que mi corazón ya no podrá jamás / aumentar de tamaño y de nostalgias

solo esta noche  /  por favor  /  por piedad

sentirme vencido / humilde / devastado

hecho y deshecho con deshechos de dios

puesto a soñar sin visto bueno / dado a mentir sin esperanza

pero sabiendo que se trata / solo de esta noche estéril y única

mañana a las siete abriré los ojos / y otra vez pondré el hombro sin quejarme / y escuchare el estruendo universal

sin que me engañen ruidos secundarios

Ruidos secundarios

Mario Benedetti

 

Las muertes, las violaciones, el dolor de la costumbre por reconocernos en un alto nivel de fragilidad pública, son parte de un ambiente lúgubre que sin embargo, dicen, aún no toca fondo. El estribillo de saber hacer las cosas, por los que ahora detentan el mando a dos años de haber recuperado el poder federal, palidece ante una realidad necia que se encarga de botarles sus discursos de manera grotesca.

El discurso informativo, a dos años, de las bondades de su nuevo arribo es antes que cualquier otra cosa la retahíla de frases huecas e ideas socarronas que no soportan la prueba de una condición pública azarosa y enferma. La revisión del discurso muestra tan solo la profundidad de las contradicciones ante el desempleo, la pobreza, la inseguridad o el daño ambiental, lejanos en serio los resultados presumidos de su experiencia de gobierno a no ser el pestilente tufo totalitario y de soberbia de los que añoran un pasado monocromático y autoritario.

El tiempo avanzó y las reformas llegaron, reformas cimentadas en pies de barro, en instituciones carcomidas por la podredumbre de un sistema corrupto, con impunidades que favorecen la arbitrariedad y la continuidad de un régimen que agudiza un modelo expoliador que poco o nada ofrece para realmente resolver los problemas que desde las mayorías se padecen.

Las visiones centralistas de un gobierno atrincherado con los grandes poderes mediáticos como vanguardia de su quehacer, han chocado con los resabios de la feudalización que doce años de alternancia dejaron. Ahora requieren recomponer la centralidad los que en su momento tanto argumentaron por las autonomías que en su momento les permitió hacer a placer todas sus trapacerías a los poderes regionales; es complicado aún para ellos que tienen como historia la creación del autoritarismo nacional.

La caída de las murallas en muchas entidades es y va a seguir siendo harto complicada, la funcionabilidad de los señores feudales en las nuevas condiciones ha traído desequilibrios de todo tipo, enmarañados en el juego de los intereses más oscuros, la federación y las entidades juegan mucho más que las teorías de soberanía o autonomía, juegan antes que cualquier otra cosa los dividendos del usufructo del poder desde las visiones más facciosas que se puedan encontrar.

La incorporación de poderes crecidos que incubaron y dejaron los priistas en el 2000, deben preocuparles dado que no fueron las conquistas democráticas que muchos pensamos de una alternancia idealmente cavilada, sino la apertura de una caja que contenía mucho más que las posibilidades de contar, como lo fue, con una sociedad más democrática y con mejores condiciones cívicas, y es que la funesta actuación panista tan solo preparó los caldos que cultivaron los monstruos de nuestro presente.

El atraso, la complicidad, el mimetismo de y con una cultura priista dominante, cobijaron las condiciones que padecemos; los Franskensteins, los monstruos de todo tipo construidos que no le hacen caso a su creador, desprovistos de ataduras, cobijados en la impunidad, caminan, matan, roban, destrozan, pudren, nada parece interponerse. Las reglas, las instituciones, el “estado de derecho” no son más que vías por las cuales transitan con los productos de sus saqueos.

Los escenarios oscuros, llenos de soledades, de miedos, de los temblores de la impotencia, de los llantos por la locura, por el terror, ¿tendrán algún día su fin?

Será necesario no dejarse derrotar y no dejar de imaginar.

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

No porque lo diga Héctor, pero es verdad. Sí, ya estamos hasta la madre.

  

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