Por David Quitano Díaz
31 de diciembre de 2014

La historia no es el pasado muerto; es el pasado vivo que actúa en nuestros días conformando nuestro presente, al igual que el presente, en las luchas que libramos o dejamos de librar configuran el futuro.

Jesús Reyes Heroles

El año que está por concluir ha oscilado de extremo a extremo, por un lado encontramos la satisfacción de haber materializado 11 reformas y 81 cambios a leyes secundarias, donde estas adecuaciones en algunos casos buscan cumplimentar las necesidades que tanto organismos internacionales como nacionales demandaban para el país.

Sin duda, estos sucesos son reacomodos que tocan, rozan y alteran muchos intereses que pujan por mantener su cuota de poder o intentan expandirlo, éste tipo de acciones no se pueden juzgar de buenas o malas, simplemente son producto del movimiento de cartas con las que cuentan los actores políticos y económicos.

En referencia a lo anterior, podemos ir dilucidando qué suceso merma éste año transformador: Ayotzinapa, el cual ejemplifica la propensión con la que contamos los ciudadanos de pie para sufrir una colisión de cualquier tipo.

Por ello, en la actualidad los órdenes de gobiernos se encuentran en una situación que requiere –más que siempre– efectividad en la función cotidiana de gobernar, en donde sólo su capacidad de gestión pública será la medida en la cual puedan generar resultados tangibles.

Hoy, las entidades federativas y municipios cuentan con cada vez menos recursos en términos relativos con respecto a las necesidades per cápita de la población, esto quiere decir que las posibilidades de una gobernabilidad real se aminoran, en el entendido de que contamos con un gobierno factótum, que está centralizando nuevamente el accionar financiero y político.

Así debemos darle la lectura a las cosas, éste es el escenario en términos generales que nos deja para el país el 2014. En el aspecto económico seguimos encontrándonos por debajo de lo necesario, porque en términos numéricos toda tasa que se encuentre inferior de la tasa natural de crecimiento del país (3.5%) así se puede catalogar.

El país demanda una unidad dentro de pluralidad, las voces de los demás son necesarias para descubrir la propia voz de la nación. México hizo bien en buscar cambiar y no ser un muro ni resistencia a las tendencias innovadoras, como ocurre en otros países.

También es cierto que no debemos caer en el fetichismo histórico para que no nos esclavice el pasado o las rutinas fijas e industrializadoras. La historia del país si a algo nos invita, es a usar la imaginación a prescindir de todos los límites que tratan de repensar las sanas inquietudes espirituales; una historia para construir incesantemente un futuro mejor.

Para este 2015 los políticos deben entender que es necesaria una alianza popular, la cual no es posible de alcanzar si las distintas tendencias de transformación tratan de imponerse con el todo ideológico que profesan. Para obtener el acuerdo en la conciencia, es preciso jerarquizar fines y aliarse para luchar por aquellos que son considerados primordiales y esenciales, me refiero a las personas que se encuentran en la pobreza multidimensional.

Recordando:

  • Por muy oscuro que pueda parecer para algunos el 2015, no debemos dejar de lado ocupar la luz de la voluntad y así salir adelante.

 

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