Julio César García Landero
5 de diciembre de 2014

El momento actual da cuenta de una sociedad profundamente cansada, desilusionada, desesperanzada; en fin, parece que al no existir un signo de esperanza, la gente en su interior repite la frase lapidaria del chapulín colorado: “ahora, quien podrá defendernos”.

Algunos podrán decir que efectivamente siempre es lo mismo, que la sociedad hasta cierto punto nunca está completamente conforme, que el descontento es parte natural del funcionamiento del sistema social y que dicho descontento (input) permite generar nueva políticas públicas (output) y evolucionar en materia de bienestar social. Quizá tengan razón, pero la pregunta sería: ¿cuánto es suficiente? O ¿cuánto es demasiado?

Si bien la gobernabilidad perfecta sería que todas las demandas sociales estuvieran resueltas por los gobernantes, se debe tomar en cuenta que eso es como un estado ideal, porque en una sociedad diversa, difícilmente se llega a satisfacer a toda la población, con sus gustos y preferencias.

No obstante, existe un punto en que los límites aceptables se sobrepasan hasta llegar a la ingobernabilidad, es decir un estado que no se puede gobernar. En la última década por ejemplo en el plano internacional hemos concurrido a fenómenos sociales tales como la primavera árabe, que dio cuenta de una sociedad en el límite del hartazgo y que tuvo como resultado la caída de dictadores o liderazgos rígidos que no lograban satisfacer las necesidades mínimas de los pueblos.

Ahora bien, ¿cómo vamos en nuestro país? Sería difícil medirlo, todas las mediciones sociales tienen un grado alto de inexactitud y los escenarios posibles basados en las actuales circunstancias son igual de impredecibles, aunque alguna ayuda nos dan las encuestas de opinión.

Por ejemplo el Tracking poll de Gea Isa, nos dice en su encuesta de septiembre, que la aprobación presidencial ha caído de un 55% en el primer trimestre del 2013 a un 37% en el mismo periodo del 2014. Esto es, que sólo un 37% de los mexicanos aprueban el trabajo del Presidente de la Republica, lo que puesto en otra perspectiva nos dice que el 63% no está de acuerdo con el trabajo del presidente Peña Nieto.

En efecto, esto es sólo una lectura de un momento y como ya lo mencionaba, no se pueden calcular los escenarios futuros y hablar de parámetros de gobernabilidad- ingobernabilidad, en todo caso una encuesta puede ser una herramienta útil para un gobierno que puede modificar o mejorar su estrategia de administración.

Si los números del estudio de opinión respecto a la aprobación presidencial nos parecen escandalosos, más escandaloso es saber que el 41% opina que los partidos políticos no representan en nada los intereses de la sociedad, frente al 13% que opina que los representan en mucho (el resto prefiere mejor no opinar)

Si hablamos de la preferencia electoral, los partidos de oposición el día de hoy apenas contarían con un 11% en el caso del PAN y un 8% en el caso del PRD, sin mencionar que ambos partidos cuentan con opiniones negativas del 23 y 35% respectivamente.

Con esto podemos concluir, que las bajas calificaciones son para el gobierno y para los partidos políticos; es más que evidente la existencia de una crisis de credibilidad, puesto que en un escenario en donde el gobierno no responde a las expectativas ciudadanas lo más normal es la consecuente legitimación de la oposición política, pero en el caso mexicano, parece que la sociedad se ha cansado de la clase política en general, sin distingo de colores