Por Aurelio Contreras Moreno
10 de diciembre de 2014

En diciembre de 1994, siendo en ese entonces estudiante universitario, me tocó ver el noticiario en el que Jacobo Zabludovzki, el principal presentador televisivo de noticias en México durante mucho tiempo, anunciaba los primeros movimientos en la “banda de flotación del peso”. De inmediato, todos supimos que se venía una devaluación de la moneda nacional.

Lo que en ese momento no sabíamos era que nos caería encima una de las peores crisis económicas de la historia del país, que fue bautizada por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari como “el error de diciembre”, en un afán por deslindarse de la responsabilidad que también tuvo en aquella debacle que acabó con negocios, carreras e incluso con vidas.

A nivel internacional, la caída de la economía mexicana arrastró a varios países y socios comerciales de nuestra nación, en lo que serían los primeros efectos perniciosos de lo que comenzaba a conocerse como globalización. Aquello fue llamado el “Efecto Tequila”.

Veinte años después de esa crisis, los mexicanos volvemos a contemplar con nerviosismo y preocupación el comportamiento errático de nuestra economía. La sombra de una nueva crisis está presente.

Y no es mero alarmismo. Los números de la economía mexicana dan claros indicios de que algo no anda bien. En los últimos días, el precio del dólar ha sobrepasado la barrera de los 15 pesos y si se ha detenido la caída de la moneda nacional es porque el Gobierno Federal y el Banco de México anunciaron que tomarían medidas “preventivas”, como subastar en el mercado millones de dólares.  

De acuerdo con el Banco de México, la pérdida de paridad cambiaria del peso con el dólar estadounidense durante todo 2014 es de 10 por ciento, 1.30 pesos más que el cierre del año anterior.

A ello hay que agregar la caída de los precios del petróleo. Aunque en la jornada de este martes 9 de diciembre la mezcla mexicana de crudo detuvo su racha a la baja, la depreciación respecto de los niveles más altos que tuvo en el año llega a 44 por ciento, y las expectativas del mercado se mantienen en un precio cercano a 50 y hasta 40 dólares en el mediano plazo, cuando en la Ley de Ingresos de la Federación, aprobada por el Congreso de la Unión, se fijó el precio del barril en 79 dólares. Fuera de la realidad.

Lo peor es que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto le está apostando todo, incluso su propia viabilidad, a las inversiones que se esperan producto de la reforma energética, que quién sabe qué tan rentable pueda ser ante un escenario de crisis y bajos precios.

El panorama económico del país no es en absoluto alentador para 2015. Y si le sumamos a eso la crisis política, social, humanitaria y de legitimidad e imagen que enfrenta la administración de Peña Nieto por el caso de los normalistas de Ayotzinapa y la mansión de siete millones de dólares de su esposa Angélica Rivera, pues tenemos el caldo de cultivo ideal para un desastre.

Ya no está Zabludovski al frente del principal noticiario televisivo como hace 20 años. Pero el mal augurio es muy similar.

 

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