Por Rafael Arias Hernández
3 de diciembre de 2014

Para demasiados es usual que se pierda dimensión, sentido y trascendencia de la problemática económica y social que se padece, y que se simplifiquen orígenes y consecuencias hasta confundir causas y efectos.

En todos los casos, dentro y fuera de gobierno, empresas, medios de comunicación e instituciones educativas, hay quienes promueven dicha confusión y sobre-simplificación, simplemente porque se benefician de ello. La ignorancia es la madre de la felicidad.

Problema que no se conoce o entiende no tiene solución. Enajenación y distracción que se imponen, sostienen confusión e injusticia.

Está en México el renombrado autor de uno de los libros sobre la desigualdad más comentado en nuestros días. Se trata del economista francés, Thomas Piketty. Su obra, El capital en el siglo XXI, fue publicada en 2013 en francés, inglés y otros idiomas. En español, por el Fondo de Cultura Económica, en noviembre de 2014.

Del mundo de reseñas que ya circulan: “Para el autor, cada país, en relación con su historia y su compromiso democrático, responde de manera diferente a una ley básica del capitalismo de mercado que estimula la concentración de la riqueza en los sectores más favorecidos. El trabajo de Piketty cuestiona la relación óptima entre desarrollo e igualdad sugerida por Simon Kuznets y destaca el papel de las instituciones políticas y fiscales en la evolución histórica de la distribución de la riqueza”. (FCE.2014)

Lectura recomendada para fortalecer diálogo y debates públicos y, particularmente, para influir en el diseño y aplicación de políticas oficiales, que verdaderamente contribuyan al fomento del desarrollo económico, bienestar social y manejo responsable de la cuestión ambiental.

 

DESIGUALDAD EXTREMA Y CRECIENTE EN MEXICO

 

La cuestión de dominación y apropiación es en esencia la misma desde los orígenes de la historia. Parte tanto de ocultar o distorsionar lo evidente, como de mal atender o ignorar lo importante, lo trascendente. Simple y sencillo, así se aseguran las condiciones para imponer procedimientos que garanticen se repitan los mismos resultados.

Si se acepta que para acercarse a justicia y equidad “no se puede tratar igual a los desiguales”, entonces la dominación se basa en mantener y fortalecer condiciones, estructuras y funciones que aseguren a los mismos, mayores beneficios y ventajas.

Lección ancestral no aprendida. Asegurar la desigualdad ha dado como resultado en extremo lo que bien se sabe desde siempre: abundancia de pobres y pocos súper ricos. Desigualdad como sistema para que unos siempre ganen y otros siempre pierdan, incluso para que ineficientes y delincuentes trabajen en el gobierno, causa y efecto de desigualdad e impunidad, usen y abusen de recursos y poder público para beneficiarse.

¿Por qué no atender orígenes y causas? ¿Por qué sólo se pone atención y medio se enfrentan algunas de sus consecuencias o efectos? La simulación tiene repercusión. Hacer como que se hace. Poco a poquito, por encimita para cambiar, pero que todo siga igual.

Eso es lo que viven y padecen millones y millones de seres humanos, aquí y en todas partes. El pequeño gran detalle de México, la notoria gran diferencia, es que entre nosotros se encuentran ricos de los más ricos y, de ellos, el más rico del mundo. Frente a casi 60 millones de pobres que poco o nada tienen; excepto, una indiscutible abundancia de sacrificios, limitaciones y falta de oportunidades reales.

Desigualdad ofensiva y notoria que, a pesar de su crecimiento y daños, no se enfrenta y atiende oportuna y eficientemente.

El problema se extiende generación tras generación, hasta convertirse en destino obligado, en una condición de supervivencia, más allá de los contados casos que logran superar condiciones y situaciones de marginación, hambre y pobreza.

“…la pobreza y la desigualdad, son importantes. —dice Piketty— La brecha no es un problema en sí mismo si resulta buena para el crecimiento y a su vez para los pobres. El inconveniente es que la desigualdad extrema no es útil para el crecimiento de un país: tiende a generar baja movilidad, y a veces, ello conduce a inestabilidad política. Los países emergentes necesitan más transparencia sobre los ingresos y riquezas de sus habitantes para conocer cómo los distintos grupos sociales se benefician del crecimiento”. (Clarin.com.27.11.14)

 

ESTADO FALLANDO: NO MAS PACTO DE IMPUNIDAD

 

Frente a esa conocida y padecida polarización o radicalización de la desigualdad; frente a murallas de incomprensión del problema, se extienden y dominan interés privado, manipulación y ocultamiento que fortalecen su presencia, crecimiento y complejidad. Hasta hoy, los múltiples problemas que ocasiona esa desigualdad extrema no se resuelven o contienen. La profecía se cumple: ricos más ricos, y pobres más pobres, hasta que la muerte los libera ¿Dónde están los responsables, de estar como estamos?

Un largo silencio y un notorio vacio, caracterizan a gran parte de medios de comunicación, a redactores y locutores, a investigadores y docentes, a formadores de opinión y a quienes, consciente o inconscientemente, lo mismo sostienen opacidad y simulación, que exageración y negación, culpabilidad e impunidad. Característico de un Estado fallando, con demasiados problemas.

A ese silencio sigue ruido estridente, distracción, entretenimiento y confusión, incrementados por la noticia escandalosa, que en días se olvida. Demasiados, pasamos de espectadores a fomentadores de conductas irresponsables y hasta delictivas de presuntos responsables y prófugos potenciales gubernamentales. Así ni vamos bien ni viene lo mejor.

Ante lo evidente, insistir y repetir. Al fin y al cabo todo es posible, hasta lo correcto.

Urge poner atención a otros estudios e informes que, por lo visto, los responsables de políticas económicas sociales y financieras no han leído o ignoran, o si lo han hecho no han entendido. Incluso, da que pensar que sí saben y entienden muy bien lo que pasa, pero que no va con sus objetivos e intereses ajustar o cambiar políticas y programas gubernamentales.

Según Piketty “desigualdad, ingresos y riqueza, capital y deuda pública, inflación e imposición fiscal, ¡son demasiado importantes para dejarlos en manos de un pequeño grupo de economistas!”.

Habría que agregar… de gobernantes y políticos, ineficientes y delincuentes que polarizan desigualdad e injusticia.

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