Martín Quitano Martínez
2 de diciembre del 2014

 

El primer paso de la ignorancia es presumir de saber.

Baltasar Gracián(1601-1658) Escritor español.

 

Han pasado dos años desde que los que sabían gobernar regresaron al Poder Ejecutivo Federal, con las trompetas al máximo nivel, anunciando rimbombantes el arribo al lugar que habían cedido por doce años. Todo era miel sobre hojuelas, el del engominado copete se ofrecía como el nuevo rostro de la modernidad de un partido que había cambiado para bien de todo el país.

La azarosa vida nacional en estos dos años ha dejado en claro que las cosas no resultaron conforme al discurso; el rostro “nuevo” y las “nuevas” prácticas  de este gobierno y su partido, han permitido reconocerlos en su mascarada. El ADN autoritario, soberbio, demagógico, corrupto, incompetente y lejano de las necesidades sociales, les estalló cuando a la luz de sus reformas emergieron las purulentas condiciones que querían esconder bajo la alfombra, al amparo de la impunidad.

No hay celebración. La crisis profunda que atravesamos es directamente proporcional al pasmo de un gobierno y su partido que no aciertan mas que a continuar sumergidos en sus lugares comunes de peroratas viejas, de sus prácticas insolentes ante las nuevas circunstancias, no aciertan a comprender que se requiere mucho más que sus discursitos baladíes que a nadie convencen.

El beneplácito de la clase priista de su ejercicio de gobierno federal ha caído a los niveles de incomodo olvido y cero respaldo de su personaje principal Enrique Peña Nieto. Desde hace ya un buen rato no se escucha el apoyo que merecería se le diera desde sus hasta hace poco aplaudidores, gobernadores silentes, cómplices de los descalabros, omisos y opacos ante la gravedad de la situación, se esconden con cobardía de dar opiniones que apoyen u oxigenen el pestilente escenario donde el partido en el gobierno y su merolico presidente nacional no aciertan a dar una sola muestra de idea política clara.

La incapacidad de la clase política es manifiesta. El desprecio hacia ella y todas sus conformaciones políticas ha sido bien ganado, a partir de la renuncia a crear verdaderos vínculos políticos para la discusión de los asuntos públicos y funcionar como organismos de interés tan solo de los que las dirigen. Estas prácticas han originado la idea de que en lugar de ayudar, perjudican profundamente la razón de la política como herramienta para dirimir diferencias y conformar poderes en un marco que rebase a la fuerza como privilegio.

Del PRI poco o nada se puede esperar, incluso cuando se les demuestra que estamos mucho más que hartos de sus prácticas y de sus mentiras; la banalización de la que han hecho gala para desoír e ignorar lo que se estaba forjando en lo profundo de nuestra conciencia colectiva obliga a que se le castigue en el próximo proceso electoral.

En Veracruz, el alejamiento de un partido político no puede ser más evidente: sin asomarse siquiera, buscan pasar de largo los conflictos y solazarse en la elección que viene, mintiendo, engañando, aprovechando las debilidades sociales; en la pobreza y la inseguridad existentes planean, como si nada pasara, la continuidad de su especie.

 

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

El reconocimiento del sindicato magisterial veracruzano al gobernador es una gran genuflexión.

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