Por Aurelio Contreras Moreno
3 de diciembre de 2014

 

El acoso del régimen de Javier Duarte de Ochoa contra quienes considera “enemigos” o “adversarios” a través de correos electrónicos apócrifos y difamatorios no es nada nuevo. Lo convirtieron en su estrategia de supuesta contención desde que inició la presente administración del Gobierno de Veracruz.

Esta práctica de enviar e-mails masivos desde cuentas apócrifas atacando a los enemigos del gobernador –instaurada en su momento por la primer coordinadora de Comunicación Social Gina Domínguez, y mantenida sin un sólo cambio por su sucesor Alberto Silva Ramos– no le ha servido de gran cosa al gobierno, más que para alimentar las páginas y los espacios de los medios que hacen el triste papel de gacetillas del gobierno duartista y se prestan para infamar a quienes critican su proceder y señalan las pifias y corruptelas que se han cometido a lo largo de cuatro años.

Estos embates, sin embargo, eran más bien dirigidos en contra de adversarios políticos o de actores públicos que no se prestaban a los “enjuagues” de los dilectos miembros de la “prosperidad”.

De un tiempo a la fecha han perdido el pudor y la guerra sucia alcanza ya a los periodistas que se han, nos hemos, dedicado a ejercer la crítica en un estado donde la autoridad busca, por todos los medios, que prevalezca una sola versión, oficiosa y mentirosa, de la realidad.

La causa más reciente de la furia de Javier Duarte, que también lo llevó al extremo de atacar mediáticamente al presidente Enrique Peña Nieto, son los recién concluidos Juegos Centroamericanos. Al mandatario, por no haber asistido a la inauguración. A los periodistas –a los que se atrevieron–, por no repetir como loros la cantaleta del “éxito” de su gobierno en la organización de las competencias.

Porque tener estadios vacíos la mayoría del tiempo cuando se anunció que los boletos estaban agotados, no es tener éxito. Que varios deportistas hayan sido asaltados con violencia a causa de no contar con una villa centroamericana, a pesar de que había una vigilancia extrema de los cuerpos de seguridad en las sedes, no es tener éxito. Que los Juegos hayan sido prácticamente ignorados por las emisoras televisivas nacionales e internacionales dada la ínfima calidad de la organización, tampoco es tener éxito. Allá ellos si se creen sus fantasías.

Como al gobernador Duarte no le gusta que le señalen sus errores y tiene verdadera fobia en contra de los periodistas con libertad de criterio, consideró que encajamos en el ámbito de sus enemigos y mandó a uno de sus operadores de alcantarilla, de nombre Francisco Vicente, a darnos un mensaje, que suena a amenaza.

Entre lunes y martes, llegaron a los correos electrónicos de las redacciones y los reporteros varios e-mails enviados desde diferentes cuentas apócrifas, bajo denominaciones tales como “Observatorio Veracruzano”, “Diario Tribuna”, “El Fisgón Veracruzano”, “Ana Méndez” y “Javier García Estrada”. Todos falsos. Todos con el mismo texto. El primero, titulado “Lamentan Contreras el Éxito de los JCC”. El segundo, “CONADE y COM desmienten a los Contreras de JCC”.

En ambos, se mencionan los nombres de periodistas y medios de comunicación que no se ciñeron a la línea dictada por el gobierno de Javier Duarte. Entre éstos, el de quien esto escribe, amén del énfasis puesto en utilizar mi apellido como calificativo peyorativo.

A un servidor y a varios otros compañeros –cuyos nombres no mencionaré por respeto– se nos acusa de ser “los que le apostaron al fracaso y vertieron toneladas de lodo” contra las competencias que, de manera grotesca y hasta histérica, no dejaban de ser llamadas en estos libelos electrónicos como “los mejores juegos de la historia”.

En condiciones de normalidad democrática, esto debería sólo provocar soltar una carcajada, si no fuera porque estamos en Veracruz, el estado de América Latina más peligroso para ejercer el periodismo, donde en el sexenio de Javier Duarte han sido asesinados impunemente diez reporteros y varios más tuvieron que exiliarse ante el acoso oficial, que cada vez es menos velado y sí más crudo y virulento.

Sin mayor aspaviento, pero sin resignación, acuso recibo y denuncio públicamente el acoso por parte del gobierno que encabeza Javier Duarte de Ochoa.

 

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