Por José Miguel Naranjo Ramírez
11 de diciembre de 2014
Día Internacional del Tango

Como cada 11 de diciembre en gran parte del mundo se celebra el Día Internacional del Tango, para conmemorar el nacimiento de Carlos Gardel (1890-1935) y Julio de Caro (1899-1980), dos figuras emblemáticas y pilares que lograron hacer del Tango un género musical de proyección mundial.

De Carlos Gardel “quien cada día canta mejor”, hay abundante literatura por compartir, tangos, películas, presentaciones en teatro, el origen de su nacimiento, amores, viajes, sus presentaciones en ciudades como Barcelona, Madrid, París, Nueva York, su gira por Latinoamérica. En general, Carlos Gardel después de su muerte es una de las leyendas más grandes del pueblo argentino que provoca pasión, admiración y entre más pasan los años de su muerte, más fuerte es su presencia, porque no hay día que a Carlos Gardel no se le quiera.

Hablando de querer, “El día que me quieras” es un tango hecho película a principios de 1935, la letra es de uno de los más grandes compositores que tuvo Gardel, me refiero al brasileño Alfredo Le Pera (1900-1935). Esta película tiene anécdotas fantásticas, maravillosas, que sin duda alguna, para los amantes del tango son de enorme valía.

De entrada el título del tango fue basado en un verso de Amado Nervo, compare Usted dos estrofas de “El día que me quieras” de  Amado Nervo con la letra de Alfredo Le Pera:   

(Amado Nervo)

“El día que me quieras tendrá más luz que junio;   
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.”

(Alfredo Le Pera)

“El día que me quieras, La rosa que engalana,
Se vestirá de fiesta
Con su mejor color.
Al viento las campanas
Dirán que ya eres mía
Y locas las fontanas
Se cantarán su amor.”

Otra característica importante que tuvo la película El día que me quieras fue que en ella Carlos Gardel cantó otros tangos memorables e inmortales los cuales son, “Volver”, el tristísimo Tango “sus ojos se cerraron” del cual Jaime Andrés Monsalve en su libro Carlos Gardel, cuesta arriba en su rodada nos cuenta la siguiente anécdota:

“La pieza es cantada por el personaje de Gardel ante el cadáver de su esposa. Terig Tucci, director musical de la cinta, relata que en el momento de grabarse aquella escena el estudio estaba completamente atestado. Durante dos minutos sólo se oyen los acentos del Tango. La gente ni siquiera respira, la magia del arte de Gardel la ha embrujado… Los primeros instantes que siguieron a la grabación fueron de completo, casi religioso silencio; todos temerosos de romper el exorcismo del momento del artista. De pronto, como si fuera obedeciendo a una señal, estalló una ovación indescriptible. A uno de los ejecutivos se le oyó decir, “Este hombre tiene una lágrima en la garganta.”

Jaime Andrés Monsalve nos cuenta que: “Carlos Gardel no vivió para saber qué pensaron los argentinos de El día que me quieras, pero imagínese usted, mi apreciado lector, el fenómeno que fue la película al ser estrenada un 23 de agosto de 1935, es decir, faltando un día para que se cumplieran dos meses del accidente donde Carlos Gardel había perdido la vida en Medellín, Colombia.  

Si lo antes platicado sobre la película El día que me quieras, no es suficiente para llenar la pupila, no hay inconveniente, la grandeza del “Zorzal Criollo” como también se le conocía a Gardel, alcanza para mucho más y les platicaré otra anécdota central e histórica sobre de la película.

Astor Pantaleón Piazzolla (1921-1992) otro gigante del tango quien incluso lo actualizó y modernizó (por este hecho fue odiado y amado), había nacido en Mar del Plata, Argentina, pero su Padre Vicente Piazzolla se fue a vivir con su familia a Nueva York cuando Astor tenía 4 años de edad. Gardel a finales de 1934 estaba en Nueva York con su equipo de guitarristas, colaboradores, etc. alquiló un penthouse y una mañana neoyorquina sucedió lo siguiente:

“Una mañana primaveral, Alberto Castellano salió del apartamento para comprar botellas de leche, y al regresar se percató que había dejado la llave adentro. Un niño de trece años, que había subido hasta ese piso con el ánimo de conocer a Gardel, contemplaba la escena. Su padre, un argentino residenciado en Nueva York con su familia hacía varios años, de nombre Vicente Piazzolla, era amante de sus tangos y había mandado al muchacho a que se presentara ante el cantor con un muñeco a escala de su figura, hecho en madera.

“Castellano le pidió el favor al niño de que se colara por una ventana y le abriera la puerta desde adentro. Gardel es el de pijama azul con pintitas blancas. Una vez adentro, (Le Pera de mal humor, Gardel con una sonrisa a flor de labios), se presentó ante ellos. Su nombre: Astor.”

A partir de ese encuentro se estableció una amistad entre el gran Carlos Gardel y el adolescente Astor Piazzolla, convivieron, Gardel no hablaba inglés y Astor se convirtió en su traductor, el joven un día llevó el bandoneón que le había regalado su papá y le tocó a Gardel, pasó de todo en el poco tiempo que convivieron los amigos Gardel y Piazzolla, lo que estoy narrando no es una historia de película, pero quiero decirle estimado lector, que el final es al mero estilo de Hollywood, porque Usted hoy en día puede conseguir la película El día que me quieras y ahí podrá ver y escuchar cantar a Gardel y  a Piazzolla actuando de canillita.

Esta fue la columna para festejar el día internacional del Tango, no me queda más que decirles, adiós, amigos, compañeros de esta vida, barra querida de estos tiempos, ya me voy y me despido, se terminó para mi ésta redactada.

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