Se lee en Reforma: “Él sabía que si perdía un recuerdo, se perdía un poco a sí mismo, pues su memoria era el único lugar donde viviría siempre. Por ello, era obsesivo en sus detalles al escribir; aunque trataba de ser fiel al recuerdo, sabía que nunca captaría la realidad como fue. Intuyó que el pasado no pasa nunca, pues cuando uno recuerda, revive, y que el olfato y el gusto tienen una carga única de memoria”.