Por Armando Ortiz
29 de diciembre de 2014

Lo escribieron de broma en el portal Crónica del Poder, que Gina Domínguez saltaría a la Secretaría Particular del gobernador. La prisa y el asombro no me permitieron ver entre paréntesis las iniciales I. P., es decir, “inocente palomita”. Lo que me preocupa en realidad es que a pesar de ser una inocentada del 28 de diciembre, le di crédito a la noticia, es decir, creí capaz al gobernador de pasar por alto todas las tropelías que la señora hizo, todo el daño que como coordinadora de Comunicación Social causó a su imagen, y sin importarle eso la hizo su Particular.

Ya tenía pensado escribir un artículo para analizar lo que llamaría la “tara política de Javier Duarte”, afortunadamente volví a la noticia y encontré esas dos iniciales que me regresaron a la cordura, pero me vuelvo a detener. Si bien la señora no está ya en el círculo cercano del gobernador, sí permanece con vida.

¿En qué cabeza cabe poner a una persona sin ética, sin principios morales, con una avidez desenfrenada, en la Fundación Colosio, donde lo que más se exige son principios morales, donde lo que debe predominar es la ética política? Porque la Fundación Colosio es la que prepara la plataforma ideológica de los candidatos del PRI, para que avancen juntos en un mismo ideal, pero si la que prepara esa plataforma política es corrupta, entonces los candidatos de origen buscarán ser corruptos. Por lo que vemos, en el PRI Veracruz el ideal es el arribismo, el ensimismo, la falta de escrúpulos y la corrupción.

Desde la Fundación Colosio madame Gina sigue operando. Intrigosa como es, ha estado mandando mensajes con sus encomenderos promoviendo a Gabriel Deantes, un sujeto calificado por el mismo gobernador como desleal, señalado por su enriquecimiento inexplicable, en fin, un sujeto sin escrúpulos, para que sea el nuevo presidente del Comité Directivo Estatal del PRI. Con esto se cerraría el círculo de corrupción en este partido político que presume que todos sus aspirantes a diputados serán examinados y valorados antes de que se les conceda la candidatura. ¿A quién le extraña entonces que un sujeto como Edgar Spinoso tenga la bendición de Duarte para contender por el distrito de Martínez de la Torre?

Reza la máxima bíblica: “Todo árbol podrido produce fruto inservible; un árbol bueno no puede dar fruto inservible, ni puede un árbol podrido producir fruto excelente”. El Partido Revolucionario Institucional en Veracruz está podrido de raíz, su tronco, sus ramas, sus hojas están plagadas de parásitos que se regodean, que han hecho habitación en este instituto político que si bien ha cobijado los ideales de hombres honorables, también ha refugiado a los más desleales y corruptos, verbigracia la actual camarilla que lo dirige, empezando por Elizabeth Morales, Corintia Cruz, Guadalupe Porras y la misma Gina Domínguez, todas ellas dignas de cualquier museo del horror.

Se esperan cambios en el gabinete del gobernador para enero de 2015. Las piezas se siguen moviendo. La gubernatura de dos años se ha convertido en un verdadero dilema para el gobierno de Javier Duarte. Alberto Silva, quien se perfilaba como el candidato más idóneo, ya no pisa sobre terreno firme; Érick Lagos, la prolongación genética de Fidel Herrera saca la cabeza del fango y dice “yo”; Elizabeth Morales se verá obligada a ser la candidata para buscar la diputación por Xalapa urbano; Gina al acecho sigue operando con sus intrigas. Por ello impulsa a alguien de su misma especie, un sujeto llamado Gabriel Deantes, que de llegar al PRI será el emblema de la corrupción en ese partido.

Vaya 2015 que nos espera.

 

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