Armando Ortiz
19 de diciembre de 2014

Con 45 votos a favor, 5 en contra y cero abstenciones, se aprobó la iniciativa de reforma electoral enviada por el gobernador Javier Duarte al Congreso del estado. El boletín de prensa enviado a los medios lo resume de la siguiente manera:

“En Veracruz habrá una gubernatura y diputados locales de dos años para el periodo 2016-2018, así como diversas adecuaciones en materia político-electoral, luego que la LXIII Legislatura local aprobó por mayoría el Dictamen con Proyecto de Decreto que reforma y deroga diversas disposiciones de la Constitución Política del Estado, derivado del análisis de seis iniciativas de diversos actores y partidos políticos”.

Después de ello miente el boletín de prensa al asegurar que “tras un trabajo exhaustivo con las seis iniciativas de reforma constitucional, los miembros de las comisiones permanentes unidas de Justicia y Puntos Constitucionales y de Organización Política y Procesos Electorales dictaminaron”.

De acuerdo con las crónicas inmediatas de los compañeros y compañeras periodistas, como Lulú López y Claudia Guerrero, quien realmente estuvo trabajando de manera exhaustiva fue el secretario de Gobierno Érick Lagos, quien cabildeaba con los diputados para que el resultado de la votación fuera aplastante. Pero tampoco puede ser cierto, si acaso los diputados que mostraron alguna resistencia fueron mejor centaveados, acaso regañados, o en el mejor de los casos hasta extorsionados. Porque en la guerra y el amor se vale de todo y la consigna era lograr que toda la bancada priista votara a favor.

La decepción de la tarde fue la postura del diputado priista Ricardo Ahued, quien apenas la semana pasada declaraba lo siguiente: “A mí en lo particular una contienda para dos años me parece un riesgo enorme social y económico para Veracruz. Los que estarán contentos será la oposición, porque tienen dos oportunidades”.

Pues quién sabe qué le dijeron o qué le prometieron porque al final no sólo votó a favor sino que hasta defendió la iniciativa.

Los que acudimos a alguna de las comparecencias de los secretarios de despacho, por el cuarto informe del gobernador, nos pudimos dar cuenta de la ínfima calidad de nuestros diputados. Algunos son simples merolicos, otros son títeres del poder, otros son meros espectadores, de modo que nos parece irreal que los diputados hayan realizado un trabajo exhaustivo. Si comentan los que asistieron que entre ellos echaban volados para ver quien subía a dar la postura por su partido, pues nadie podía enunciar argumentos válidos y creíbles. Se sintieron apanicados por la poca habilidad que tienen para discursar, incluso por su incapacidad para pensar.

Desde los tiempos de Fidel Herrera, sino es que desde antes, el Congreso del estado ha vivido en un marasmo de abyección. El poder Legislativo no existe en Veracruz, el poder Legislativo está supeditado a la voluntad del Ejecutivo.

En la conferencia de prensa que el senador Pepe Yunes ofreciera para dar a conocer su postura, señaló que si bien estaba en contra de dicha iniciativa, respetaba la autonomía de los diputados en el Congreso. Pepe Yunes consideraba entonces que los diputados eran verdaderos representantes del pueblo.

La tarde del 18 de diciembre ha quedado demostrado, con ese 45 a favor, 5 en contra y cero abstenciones, que los diputados tienen un precio, los diputados no tienen honor, los diputados carecen de voluntad propia. Así que cualquier iniciativa que salga del poder Ejecutivo podrá ser aprobada sin demora por esos diputados pinches; pinches porque sólo son simples mozos de este gobierno que cocina.

 

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