Por Aurelio Contreras Moreno
12 de diciembre de 2014
 

Como el rechazo a la iniciativa de la gubernatura de dos años era no sólo previsible, sino obligado por lo absurdo de la propuesta, el régimen de Javier Duarte de Ochoa preparó una respuesta a la vieja usanza. Al fin y al cabo, representa lo más arcaico y oscuro de las prácticas políticas de este país.

Para garantizar el voto favorable en el Congreso del Estado, lanzaron una zanahoria que para la mayoría de los diputados es un suculento manjar: la iniciativa de reforma político-electoral incluye la reelección hasta por ¡cuatro periodos seguidos! de los legisladores locales.

¿Se imagina mantener con dinero del erario durante 12 años a vividores de la política como José Ramón Gutiérrez de Velasco o Rogelio Franco?, ¿o a caciques con fuero como Renato Tronco? Pues ésa es la zanahoria que les puso enfrente Duarte a los diputados locales para que sin chistar ni ponerse “rejegos”, aprueben su nuevo bodrio legal. Seguramente a eso se refería el panista Julen Rementería cuando declaró que la gubernatura de dos años “beneficia al PAN”.

A pesar de ello, y de que la anquilosada “cultura” y “ortodoxia” priista exige a sus militantes sumisión y acatamiento de las decisiones de quien sea el “jefe político” en turno, las voces de inconformidad contra la ocurrencia duartista no han podido ser sofocadas. Y no nos referimos sólo a las de los que son afectados directos, como Héctor Yunes y José Yunes, sino incluso algunos diputados locales del PRI, como Ricardo Ahued Bardahuil y David Velasco Chedraui, señalaron que una gubernatura de dos años sería riesgosa y no permitiría conformar un equipo y programa de trabajo eficientes.

Por ese motivo, la maquinaria gubernamental se echó a andar para operar lo que hasta ahora ha sido una muy tibia “cargada” en apoyo a la repudiada iniciativa. Apenas algunos de los amanuenses y corifeos de siempre, que se aferran con fervor al “chayo” aunque les espine la lengua y otras regiones corporales, y dirigentes partidistas como Elizabeth Morales o la ahora “priista de hueso colorado” Gina Domínguez, quienes alaban lo que sin pudor llaman una iniciativa legal “del más largo alcance” que “fortalecerá el sistema democrático de Veracruz”. Y qué otra cosa podrían decir, si ambas son empleadas de Javier Duarte.

Pero como la operación política no es la principal virtud de los duartistas, otro personaje entró de manera directa a hacer llamadas y enviar mensajes para conseguir el apoyo de sus “amigos” para la gubernatura de dos años. Ni más ni menos que el ex gobernador de Veracruz Fidel Herrera Beltrán, quien personalmente está realizando esa “talacha” con empresarios y dirigentes políticos, ya que a sus “alumnos” sólo les alcanza para anunciar adhesiones inventadas, como la supuesta y hasta donde sabemos, falsa, del alcalde de Perote Paul Martínez.

La intervención de Fidel Herrera demuestra quién está detrás de la perversidad de someter a Veracruz a dos años más de gobiernos rufianes, desprovistos de la mínima ética política y sin escrúpulos. Total, ya lo hizo antes, en 2010.

El político, comunicador y poeta Pedro Manterola nos ilustraba hace unos días con una anécdota de Jesús Reyes Heroles, el ideólogo más lúcido que ha tenido el PRI en su historia y uno de sus muy pocos personajes realmente destacables.

Cuentan que cuando le preguntaron al político oriundo del puerto de Tuxpan si se podría cambiar el artículo 82 de la Constitución, que entonces impedía a los mexicanos por nacimiento, hijos de padres extranjeros, ser presidentes de México, Reyes Heroles contestó: “México no es una república bananera para cambiar la ley por intereses personales”.

Pero por lo visto, la clase política gobernante en Veracruz cree que vive en un platanar.

 

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